Suplemento Especial BIOI

Julio de 2005


Suplemento Especial BIOI
Julio de 2005

A PROPÓSITO DE LA IMPOSTURA DE CELIA HART SANTAMARÍA Y LA BUROCRACIA CASTRISTA

La burocracia castrista organiza a sus partidos en el continente americano junto con los liquidadores de la IV Internacional

En el último año y medio, corrientes como la Tendencia Marxista Internacional de Alan Woods, el MST de Argentina, entre otros, han difundido y publicitado a Celia Hart Santamaría1, presentándola como una dirigente del PC Cubano que se habría hecho "trotskista".
A partir de fines de 2003, Hart Santamaría comienza a aparecer con sus artículos -mayoritariamente publicados por la corriente de Alan Woods, pero también por distintas revistas en Cuba como "Tricontinental" y "Cubadebate" entre otras. En esos artículos dice coincidir con el legado de Trotsky y con la revolución permanente; dice estar en contra del "socialismo en un solo país", y afirma que en 1989 en el Este de Europa y en Rusia se cumplió todo lo vaticinado por Trotsky en "La revolución traicionada".
En agosto de 2004, Hart Santamaría participó de la reunión internacional de la Tendencia Marxista Internacional en Barcelona. En octubre del mismo año, en Buenos Aires dio el discurso de cierre en el acto organizado por el Partido Comunista por el aniversario del asesinato del Che. El MST (UIT-CI) de Argentina, publicó también en ese entonces en su periódico "Alternativa Socialista", un reportaje a Hart Santamaría, entrevista que fuera luego reproducida completa por "Granma Internacional" -el semanario oficial del PC cubano- del 8 de Noviembre del mismo año.
Presentan a Celia Hart como la expresión de la evolución hacia el trotskismo de una dirigente del PC cubano. Por el contrario, los trotskistas internacionalistas de la FTI-CI afirmamos, que estamos ante una completa y cínica impostura, ante una política consciente de la burocracia castrista de montar un "ala izquierda" de sí misma, utilizando y falsificando para ello a Trotsky, de la misma manera que en su época Stalin y la burocracia stalinista de la URSS falsificaron a Lenin para encubrir su política contrarrevolucionaria tanto a nivel internacional como en la URSS. De esta manera la burocracia castrista busca encubrir "por izquierda" su política contrarrevolucionaria de colaboración de clases en América Latina y en los Estados Unidos, y su política en la propia Cuba, donde se prepara a consumar la restauración capitalista y a reciclarse a sí misma en burguesía. Busca asimismo terminar de subordinar completamente a los liquidadores del trotskismo, para que no queden ni vestigios de continuidad de las banderas y el legado de la IV Internacional.
De esta manera, en Cuba hoy vuelve a demostrarse la absoluta corrección y vigencia del pronóstico que hicieran León Trotsky y la IV Internacional para la URSS en los '30. Trotsky y los bolcheviques-leninistas plantearon con claridad que, sin avances de la revolución mundial y sin triunfo de una revolución política, la burocracia stalinista que, defendiendo al estado obrero a su manera con el objetivo de mantener sus privilegios, lo hundía y lo ponía en peligro a cada paso, tarde o temprano terminaría por convertirse en el agente directo de la burguesía mundial dentro del estado obrero, derrocaría las nuevas formas de propiedad y restauraría el capitalismo.
Esto, que ya sucedió en China, la ex URSS y los ex estados obreros del Este de Europa, es lo que está aconteciendo hoy en Cuba, con la burocracia castrista que impone reformas capitalistas en la economía, preparando la restauración y su propia transformación en nueva burguesía nacional.
Hoy entonces, de la mano de Hart Santamaría, los renegados del trotskismo se han puesto bajo la disciplina de la burocracia castrista y del PC Cubano en Estados Unidos y en América Latina. Si en 1953 Michel Pablo hizo estallar la IV Internacional llevando a más de un tercio de sus militantes a entrar en los partidos comunistas; si en los '80 Jack Barnes terminó el proceso de años de destrucción del SWP norteamericano fundado por León Trotsky y Cannon transformándolo en la "sección norteamericana" del PC Cubano, hoy asistimos a la consumación de un pablismo generalizado en el continente americano.
Si Alan Woods, Mercedes Petit o inclusive la propia Celia Hart consideran que estamos haciendo esta afirmación sobre la base de información errónea o insuficiente, que hay elementos que no conocemos, que estamos equivocados, estamos abiertos a que nos lo demuestren y nos convenzan de ello. Porque, ¡qué más quisiéramos los trotskistas internacionalistas que surgiera en Cuba, en el primer estado obrero de América Latina que sobrevive aún en una extrema descomposición, una fracción auténticamente trotskista! Si así fuera, esa fracción tendría toda la autoridad para llamar de inmediato a todas las fuerzas sanas y principistas del trotskismo a un congreso refundacional de la IV Internacional.
Pero hasta el momento, la amplia mayoría de los escritos de Hart que tenemos en nuestras manos, y el veredicto de los hechos, los crudos y testarudos hechos, nos demuestran que lejos de ello, estamos frente a una impostura montada por la burocracia castrista a la que hay que oponerle el programa del trotskismo de derrotarla y derrocarla con una revolución política de los obreros y los campesinos cubanos, el único camino para defender efectivamente a Cuba de toda agresión imperialista, de salvar las conquistas de la revolución y de poner al estado obrero al servicio de la lucha por la revolución mundial.

EL VEREDICTO DEL NUEVO EMBATE DE LAS MASAS EN LA REVOLUCIÓN BOLIVIANA

El nuevo levantamiento revolucionario que acaban de protagonizar los obreros y campesinos bolivianos, ha puesto a prueba a todos los que hablan en nombre de la revolución y el socialismo, y en particular, ha dejado completamente al desnudo a esta impostura castrista.
Hart Santamaría se la pasa hablando de "revolución permanente", de "internacionalismo", de que "Las estrechas fronteras territoriales sólo serán importantes para los gobiernos, nunca para la revolución… ("Un fantasma recorre América), etc., de que hay que tomar el poder porque "al poder nadie lo regala", pero en sus prolíficos escritos jamás ha planteado nada sobre Bolivia, donde desde 2003 los obreros y campesinos iniciaron una heroica revolución. Jamás se ha pronunciado a favor del triunfo de la revolución boliviana, a favor de que la clase obrera, acaudillando a los campesinos pobres y al conjunto de la nación oprimida, se haga del poder mediante una insurrección e instaure la dictadura del proletariado.
En las últimas semanas, Celia Hart tuvo una enorme oportunidad para demostrar con claridad que es "trotskista", como dice serlo, cuando a mediados de mayo pasado, las masas bolivianas volvieron a irrumpir con una acción histórica independiente, poniendo en pie, a pesar y en contra de sus direcciones, una magnífica huelga general insurreccional que cercó la ciudadela del poder, abrió una enorme crisis revolucionaria en las alturas, y volvió a plantearle al proletariado el problema del poder.
¿Cuál fue la posición de Celia Hart frente a ello?: el más estruendoso silencio. Parecería ser que, precisamente en ese momento, a su prolífica y florida pluma a la que tanto le gusta repetir "revolución permanente", "socialismo", "toma del poder", etc., de golpe y porrazo se le acabó la tinta. Es que no se puede jugar a las escondidas con la teoría y el programa del trotskismo: no se está por el socialismo, la revolución permanente, el internacionalismo, por más que se lo declame, si no se estuvo y se está hoy por el triunfo de la revolución obrera y socialista en Bolivia; si no se levantó como programa y no se luchó durante el reciente embate de masas por poner en pie un organismo de poder centralizado de los obreros y campesinos pobres, sus milicias armadas y comités de soldados, es decir, un organismo que pudiera organizar una insurrección triunfante y hacerse del poder.
Celia Hart quedó al desnudo, y demostró inclusive que ni siquiera le llega a los tobillos al propio Che Guevara -a quien ella tanto alaba diciendo que fue quien "inició la era de la revolución permanente en América Latina" cuando dijo "por dos, tres, muchos Vietnam". Al menos el Che fue consecuente con lo que pensaba y predicaba -más allá de que su política fuera incorrecta y sus métodos empíricos-, se fue a Bolivia a hacer la revolución, y por ello luchó y dio su vida.
Por el contrario Celia Hart, que no tuvo problemas para viajar a Argentina, a Venezuela, a Barcelona, a México, se ha cuidado muy bien no solo de poner un pie en Bolivia, sino de escribir una sola palabra al respecto.
La razón es muy sencilla: calló para permitir que Fidel Castro y Chávez - de quienes dice que son "dos revolucionarios"- pudieran aplicar su política en Bolivia: apelar a la "continuidad constitucional", y apoyar a Evo Morales y a su política de dar una salida burguesa con la renuncia de Mesa y sus sucesores; apoyar a Rodríguez y llamar a elecciones generales y Asamblea Constituyente. Y al mismo tiempo, sus otros agentes como son los castristas Solares y Quispe, han transformado a la Asamblea Popular Nacional Originaria en un acuerdo de dirigentes por arriba para impedir que los obreros y campesinos conquisten un organismo centralizador de su lucha con democracia directa, y sus milicias obreras y campesinas, es decir, un poder obrero y campesino opuesto y enfrentado al gobierno de Rodríguez, Morales y el parlamento odiado. Necesitan que este acuerdo de dirigentes sin las masas y contra ellas, garantice que se imponga la tregua, para que pueda avanzar el plan de elecciones anticipadas y Asamblea Constituyente con las que engañar y apaciguar a las masas, mientras las petroleras alistan a las fuerzas armadas y a las bandas fascistas para aplastar a sangre y fuego a la revolución.
Es que la burocracia castrista necesita que la revolución boliviana y latinoamericana sean estranguladas, para poder consumar la restauración capitalista en Cuba y reciclarse a sí misma en burguesía. Saben que un triunfo de la revolución en Bolivia sería como un choque eléctrico en todo el continente y también en Cuba. Saben que los hidrocarburos bolivianos en manos de un gobierno obrero y campesino impulsarían a las masas venezolanas a avanzar en su lucha antiimperialista, a luchar porque ni una gota de petróleo venezolano vaya para los yanquis que masacran en Irak, ni para que haga negocios la Repsol, explotadora y expoliadora de la nación boliviana, y a la que Chávez le ha dado jugosos negocios en Venezuela, mientras que la burocracia castrista le ha dado los contratos para la exploración y explotación de petróleo del mar cubano.
De esta manera, frente a la heroica lucha revolucionaria de la clase obrera y los campesinos bolivianos, ha quedado al desnudo la impostura de esta ala supuestamente "trotskista" montada por la burocracia castrista. Celia Hart se ha ubicado claramente en la trinchera opuesta a la de las masas, a la de la teoría de la revolución permanente y el programa del trotskismo: en la trinchera de Mesa y ahora de Rodríguez, de Evo Morales, de la dirección castrista de la COB, de Lula, Kirchner y Chávez, sostenedores ayer de Mesa y hoy de su continuador, en la trinchera de la Repsol y las petroleras imperialistas.

EL "INTERNACIONALISMO" DE CELIA HART NO PASA LA PRUEBA FRENTE A LA POLÍTICA INTERNACIONAL CONTRARREVOLUCIONARIA DE LA BUROCRACIA CASTRISTA MARCADA POR DÉCADAS DE TRAICIONES A LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

Ante la prueba irrefutable de la revolución boliviana, la falacia del "ala trotskista" del PC cubano se derrumba como un castillo de naipes. Pero es necesario evitar que la infección introducida por esta impostura y falsificación se extienda y termine por infectar a la honesta vanguardia proletaria que busca un camino revolucionario en América Latina y en el mundo. Se hace entonces necesario encarar el poco reconfortante trabajo de desmontar esta farsa pieza por pieza, y seguir desmadejando y desenmarañando la trama de esta impostura montada por la burocracia castrista.
Porque apelando al legado de León Trotsky, Hart Santamaría insiste una y otra vez en hablar de la revolución permanente y de que Cuba aislada no puede mantenerse, que la clave es expandir la revolución. Así, dice: "La extensión de la revolución a todo el continente latinoamericano es esencial para la supervivencia de la Cuba revolucionaria (...) A la larga, una Cuba revolucionaria aislada no puede sobrevivir" ("Entrevista con Celia Hart", reproducida por la Corriente Marxista Revolucionaria de Venezuela, 9/11/04).
Ningún trotskista que se precie de tal podrá estar en desacuerdo con esta afirmación: el estado obrero cubano, hoy en descomposición, no podrá sobrevivir aislado; su futuro está en el avance y el triunfo de la revolución en toda América Latina, en Estados Unidos y en todo el mundo.
Ahora bien, lo que Hart Santamaría no dice ni explica, es por qué no ha triunfado en América Latina ninguna otra revolución, luego del triunfo de la revolución cubana hace ya más de 45 años. Es claro que en ese tiempo, no faltaron oportunidades para que la clase obrera y los explotados se hicieran del poder en varios países del continente.
Por ejemplo, ¿por qué no triunfaron los obreros y los explotados en Bolivia en 1971? Porque se impuso la política del stalinismo -en ese momento aún con su comando central en Moscú, al que Fidel Castro y el PC cubano estaban totalmente integrados y subordinados-, de apoyo a los militares "patriotas" y a los burgueses "progresistas". Así, la dirección de la COB, junto al stalinismo en todas sus variantes, y con la inestimable colaboración del POR de Lora, llevaron a las masas al apoyo al general Torres, se negaron a poner en pie las milicias obreras y campesinas de ese embrión soviético que fue la Asamblea Popular, y permitieron así que el golpe de Banzer ahogara en sangre y fuego el segundo intento revolucionario de los obreros bolivianos en el siglo XX.
En Chile en 1973 la clase obrera latinoamericana tuvo una nueva oportunidad de tomar el poder y dar un enorme impulso a la revolución en toda América Latina que sacara a Cuba de su aislamiento. Pero Fidel Castro -alabado cada tres renglones por Hart Santamaría en sus escritos como "revolucionario", "internacionalista", etc., etc.-, apoyando abiertamente al gobierno nacionalista burgués de Allende y la UP, viajó dos veces a Chile a convencer a los heroicos obreros de los Cordones Industriales de que no tenían que tomarse el poder como en Cuba, sino que iban a hacer la "vía pacífica al socialismo", preparando el terreno para que el imperialismo y Pinochet -que había sido tildado de general "democrático" y designado como jefe del ejército por Allende y el PC- masacrara a la clase obrera con su golpe militar, imponiéndole al proletariado chileno una derrota histórica de la cual aún no puede recuperarse.
Centroamérica en los '80 es sin duda el ejemplo más trágico. Porque el inicio de la gran revolución nicaragüense en 1979, la revolución salvadoreña en los mismos años, y el inicio en 1986 de la revolución de los trabajadores y los explotados que en Haití derrocaron a la sanguinaria dictadura de Duvalier, junto a la existencia en la misma región del Estado obrero cubano, pusieron a la orden del día, como posibilidad concreta, que el proletariado se hiciera del poder en esos países, rompiera las fronteras ficticias establecidas por el imperialismo en América Central, y avanzara a poner en pie los Estados Unidos Socialistas de Centroamérica y el Caribe, provocando un shock eléctrico cuya onda expansiva revolucionaria habría indudablemente impactado en México y en los propios Estados Unidos. ¡Qué mejor defensa de Cuba, qué mejor forma de romper su aislamiento!
Pero esto fue impedido por la burocracia stalinista, Fidel Castro -que salió a decir que "Nicaragua no debe ser una nueva Cuba"-, y sus agentes del FSLN de Nicaragua y del FMLN de El Salvador, que terminaron entregando la revolución centroamericana en los acuerdos contrarrevolucionarios de Esquipulas y Contadora. Y en Haití, el PC desvió la heroica lucha de las masas a las elecciones, poniendo en pie la coalición Lavalas, un frente popular, que llevó a la presidencia a Bertrand Aristide, y luego en 1994, y junto con Fidel, aplaudió el ingreso de tropas yanquis que lo repuso en el poder, transformando a ese país en un protectorado.
Podríamos escribir libros con ejemplos de las traiciones abiertas y directas de la burocracia castrista a la revolución latinoamericana durante más de 40 años, sobre las que Celia Hart guarda total silencio. Pero nos limitaremos a mencionar, por ejemplo, la revolución ecuatoriana iniciada en 1997, ante la cual la burocracia castrista y sus agentes en Ecuador apoyaron al coronel "patriota" Lucio Gutiérrez que acaba de ser echado a patadas por las masas. O la revolución argentina iniciada en 2001, a la cual Fidel Castro contribuyó personalmente a estrangular viniendo en mayo de 2003 a decirles a los obreros y jóvenes que apoyaran a Kirchner, el nuevo sirviente de Bush y el FMI. O la heroica revolución boliviana iniciada en 2003, frente a la cual la burocracia castrista, a través de Morales, Solares y Quispe sostuvo a Mesa como hoy sostiene a Rodríguez.
Tampoco hemos encontrado una sola palabra de Hart Santamaría condenando las condolencias enviadas por Fidel Castro a Bush por los marines muertos en Irak. Ni qué hablar de levantar la lucha por la derrota militar del imperialismo y por el triunfo de la resistencia iraquí, y en primer lugar, la pelea por que el Estado obrero cubano reconozca a esa resistencia como ejército beligerante, y le envíe armas, pertrechos, medicinas, etc.
También guardó silencio sobre el hecho que durante dos años -desde principios de 2002, en que Bush y su ejército genocida encerraron en la cárcel de Guantánamo a centenares de milicianos antiimperialistas que fueron a pelear a Afganistán- Fidel Castro y la burocracia cubana no sólo callaron sobre los mismos, sino que el ejército cubano habilitó un mirador desde donde los turistas extranjeros, pagando entrada, podían observar a los milicianos prisioneros, ¡¡como si se tratara de un zoológico!! Celia Hart sólo ha salido a denunciar el encarcelamiento de los milicianos en Guantánamo, las torturas y vejaciones a las que son sometidos, etc., a partir de que la burocracia castrista comenzó a denunciarlo utilizándolo como argumento contra la votación en la ONU de condena a Cuba por "violaciones a los derechos humanos". De más está decir que, más allá de la denuncia, Hart Santamaría no hace un solo llamado a luchar por la inmediata e incondicional liberación de los prisioneros de Guantánamo.
De todo esto, Celia Hart nada dice. Por el contrario, cínicamente, plantea que si Cuba pudo sobrevivir como estado obrero, aún aislada, fue ¡¡¡por el "internacionalismo" de Fidel!!!
Los trotskistas principistas afirmamos, por el contrario, que si el estado obrero cubano hoy en descomposición pudo sobrevivir, fue porque -a pesar y en contra de la política y de las traiciones de la burocracia stalinista- la clase obrera y los explotados de América Latina, y el proletariado y los campesinos cubanos como parte de ella, con su lucha antiimperialista y revolucionaria durante más de cuatro décadas, impidieron que el imperialismo yanqui invadiera la isla, e impiden hoy todavía que la burocracia castrista pueda consumar la restauración capitalista.

¿"POR DOS, TRES, MUCHOS VIETNAM"; O LA LUCHA POR LA REVOLUCIÓN Y LA TOMA DEL PODER EN LOS ESTADOS UNIDOS?

León Trotsky y la IV Internacional en los '30 -al igual que debe hacerlo todo trotskista principista hoy- inscribieron en sus banderas de combate la lucha por que el joven proletariado de América Latina, acaudillando a los campesinos pobres y a las masas explotadas, se hiciera del poder en los distintos países mediante insurrecciones triunfantes, impusiera la dictadura del proletariado y avanzara hacia los Estados Unidos Socialistas de Sud y Centroamérica; pero fundamentalmente, la lucha por el triunfo de la revolución socialista al interior mismo de los Estados Unidos.
Por ello, la IV Internacional planteaba con claridad: "Así pues, si por una parte la sub-burguesía latinoamericana no puede actuar a favor de sus intereses de clase sin el concurso de las burguesías imperialistas, por otra parte, dialécticamente, el proletariado de la América Latina no ha podido, no puede, no podrá luchar eficazmente por sus intereses de clase, sino en concurso del proletariado de los países imperialistas. Así pues para los bolcheviques leninistas, no hay ninguna tarea más importante que la de establecer la conexión y más tarde la unificación entre las diferentes partes de la organización proletaria del continente, creando un organismo tan bien construido que cualquier vibración revolucionaria de él acaecida en Patagonia, repercuta inmediatamente como transmitida por un sistema nervioso perfecto, en las organizaciones proletarias revolucionarias de los Estados Unidos. Mientras tal cosa no se realice la tarea de los bolcheviques leninistas en el Continente Americano, no se habrá llevado a cabo".
(...) "El hecho incontrovertible de que si el proletariado latinoamericano no puede realizar su liberación completa sin la unificación con el de los Estados Unidos, trae aparejado el hecho incontrovertible también de que el proletariado de los Estados Unidos no podrá realizar su liberación contra el poder imperialista sin la colaboración y el auxilio del proletariado latino americano. En consecuencia: si por una parte es posible y probable que la revolución social triunfe primero en los Estados Unidos, esto no excluye de ninguna manera la posibilidad que esta revolución principie en cualquiera de los países de la América Latina, en donde los choques de clases se hayan agudizado más y de allí cundan al resto de ellos; esta revolución, necesariamente de carácter anti-imperialista, puede perfectamente llegar triunfante a constituir los Estados Unidos de la América Latina, y la vanguardia del proletariado debe estar lista desde ahora y continuamente para iniciarla en cualquiera de los países de la América Latina en que las circunstancias objetivas y subjetivas lo indiquen y lo permitan. Esto será primera parte de la tarea total del proletariado revolucionario de América, y tal tarea podrá llevarse a cabo solamente con el concurso revolucionario activo del proletariado del país imperialista, los Estados Unidos, y siendo este país aquel en donde está concentrado en este continente y en el mundo entero la mayor parte de la producción industrial, nuestra revolución continental se realizara hasta su fin, incluyendo a los Estados Unidos en la UNION DE REPUBLICAS SOCIALISTAS SOVIETICAS DEL CONTINENTE AMERICANO" . (Los países del Caribe, Revista Clave N° 4, primera época, enero de 1939).
Es decir, tanto para la IV Internacional y para León Trotsky en los '30, como para todo aquel que se reclame del trotskismo, la lucha por los Estados Unidos socialistas de Sud y Centroamérica era parte inseparable del combate estratégico por el triunfo de la revolución proletaria en los Estados Unidos, sin la cual era y es imposible que pueda mantenerse en el tiempo toda revolución triunfante en América Latina, ni qué decir de un estado obrero aislado en descomposición y dirigido por una burocracia restauracionista, como es hoy Cuba.
Pero de eso, Celia Hart nada dice. Su silencio no es casual, sino que está al servicio de encubrir el rol contrarrevolucionario más pérfido y más nefasto que ha jugado y juega la burocracia castrista: el de controlar y contener al sector más explotado y oprimido de la clase obrera norteamericana, como son los millones de obreros negros y de origen latino.
Es que la revolución cubana cuenta con enormes simpatías en estas franjas del proletariado norteamericano. Pero ese prestigio y simpatía han sido utilizados por Fidel Castro -con la colaboración de los renegados del trotskismo en los Estados Unidos, como los del SWP, entre otros-, para llevar a los obreros norteamericanos tras el Partido Demócrata, tras sus dirigentes como Jesse Jackson, y tras Kerry en las últimas elecciones, es decir, a subordinarse a su propia burguesía imperialista. Han sido utilizados para llevarlos a apoyar al Foro Social Mundial, del que es parte la podrida burocracia sindical de la AFL-CIO, colaboracionista con la burguesía imperialista yanqui.
Por eso, la posición de Celia Hart luego del triunfo de Bush en las últimas elecciones presidenciales de noviembre no se diferencia más que en tal o cual matiz secundario de las de Fidel Castro y el PC cubano.
Así, escribía sobre el "pueblo norteamericano" que "Son víctimas, más que nosotros. Solicito un instante de piedad para el pueblo de los Estados Unidos. Y no es que piense que la otra opción era mejor. Para nada. La campaña del partido demócrata era la misma, pero con "otros métodos". Kerry tuvo la desvergüenza de decir que hubiese atacado a Irak sabiendo que no tenía armas de exterminio en masa. Pero el NO a Bush era ya un buen síntoma de recuperación de la salud. Mucho mejor hubiese sido la abstención. Pero no. Bush alcanzó la mayoría popular más importante que cualquier otro presidente desde 1988". ( "2 de Noviembre, diagnóstico ratificado", publicado con fecha 6/11/04, negritas nuestras). Palabras más, palabras menos, las mismas de Granma -el órgano de prensa oficial del PC Cubano-, que mientras escribía que Kerry no era muy distinto a Bush, apoyaba con todo a Jesse Jackson, Michel Moore y demás miembros del Partido Demócrata que impulsaban la movilización "Cualquiera menos Bush" en los Estados Unidos.
¿Y cuál es el programa, cuáles son las tareas que la supuesta "trotskista" Celia Hart plantea hacia el proletariado norteamericano? Veamos: "No quiero ser pesimista. Por eso debemos proponernos como tarea urgente colaborar con Moore y con tantos otros que a estas alturas deben andar pensando lo mismo que nosotros. El pueblo norteamericano fue protagonista en el cese de la guerra de Viet Nam, allá en aquella milagrosa década del 60. Conquistemos de nuevo a sus talentosos periodistas, politólogos, artistas, científicos y obreros. Hagámosle escuchar una vez más a ese pueblo las notas de Imagine de Lennon, o hagamos que se proyecte el Gran Dictador en una pantalla gigante situada en las ruinas del Trade Center, o convoquemos a Walt Whitman en una batalla urgente y mancomunada por recuperar la mente de esos hermanos que el día 2 de noviembre ratificaron que se han tragado pez, anzuelo y plomada y que son hoy depositarios de la mayor farsa que se haya impuesto jamás a comunidad alguna en la historia". (ídem)
Un calco, una copia, de la política de Fidel Castro y la burocracia cubana. Nada que ver con la política y el programa del trotskismo y de la IV Internacional.

LA BUROCRACIA CASTRISTA, APOYADA POR CELIA HART, APLICA HOY LA MISMA POLÍTICA DEL PACTO STALIN-LAVAL Y EL FRENTE POPULAR CON LA QUE EL STALINISMO TRAICIONÓ EN LA DÉCADA DEL '30 LAS REVOLUCIONES ESPAÑOLA Y FRANCESA

En nombre de la "revolución permanente", el "internacionalismo", y las "banderas de Coyoacán", ya hemos visto entonces como Celia Hart no hace más que repetir el discurso y la política de Fidel Castro y de la burocracia cubana de apoyo y acuerdos con el "ala democrática" del imperialismo yanqui -es decir, como Jesse Jackon, Michel Moore y el ala "progresista" del Partido Demócrata- contra el "fascista" Bush. La misma política de Fidel de acuerdos con el gobierno imperialista de Rodríguez Zapatero y el PSOE, es decir, con el "ala democrática" de la monarquía imperialista española y de sus monopolios como la Repsol, que aplastan y masacran al pueblo vasco, y saquean y expolian a los pueblos de América Latina.
Al igual que la burocracia castrista, Hart Santamaría dice que Chávez es un "revolucionario" e "internacionalista", que es el "conductor" de la revolución venezolana. A decir verdad, un país con un gobierno burgués como el de Chávez, que le vende petróleo al imperialismo yanqui para que éste alimente la maquinaria de guerra con la que masacra en Irak ¡es una muy pero muy rara "revolución socialista" a la medida de Wall Street y de los monopolios yanquis!
Ya hemos visto cómo Celia Hart guarda silencio sobre Bolivia, para permitir que se aplique la política de Fidel Castro, Chávez, toda la burguesía latinoamericana y el imperialismo, de ir a una transición con elecciones y de sostener mientras tanto al gobierno de Rodríguez. Al igual que León Trotsky definiera en los '30 que el gobierno del Frente Popular en España estaba sostenido por la burguesía internacional y por la burocracia stalinista de Moscú, hoy el debilísimo gobierno de Rodríguez en Bolivia se sostiene en la burguesía imperialista y en las burguesías cipayas latinoamericanas, y en el apoyo que le da la burocracia castrista cubana.
Pero además, Celia Hart, junto a Fidel Castro, les dice a los trabajadores de América Latina que hay que tener expectativas en los gobiernos de Kirchner, de Lula, de Tabaré Vázquez y los llama a ejercer presión sobre los mismos para que sean "gobiernos populares". Así escribía en febrero de 2005, poco antes de la asunción de Tabaré Vázquez en Uruguay: "Fidel y Chávez estarán juntos en Montevideo... Fidel y Chávez, los dos, han dicho públicamente que el Socialismo es la única alternativa para la humanidad. Ojalá entonces que estos dos revolucionarios de una buena vez nos ayuden a hacer retumbar estas hermosas notas por nuestras tierras". ("Salvar más que al Presidente... al revolucionario", 28/02/05). Y durante el cierre del acto por el Che Guevara en Argentina, en octubre de 2004, planteó: "Es el momento de América Latina (...) ya empieza no sólo la revolución cubana, está la hermosa revolución de Chávez, que no quiero decir que va a ser socialista, pero ahí está, es muy parecido a ser socialista, ya que es a los pobres y humildes a quienes Chávez entregó esta revolución; y está Argentina, Brasil, y lo que haga el gobierno de Argentina depende de ustedes; de nosotros; el Frente Amplio ganará en Uruguay y depende de nosotros..." (Nuestra Propuesta Nº 702, periódico del Partido Comunista Argentino, 28 de octubre de 2004).
Apoyo y acuerdo con los imperialistas "democráticos" contra los "fascistas", sostén del gobierno y el régimen de la Rosca en Bolivia; apoyo a Chávez, proveedor de petróleo de Bush; apoyo a Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez y demás cipayos; y ayer, acuerdos de Esquipulas y Contadora; "vía pacífica al socialismo en Chile": esta política que Celia Hart Santamaría apoya, comparte y tiene el tupé de querer hacer pasar por "trotskismo", no es más que la continuidad de la vieja política de la burocracia stalinista en la década del '30, de acuerdos con las burguesías imperialistas "democráticas" contra las "fascistas", y de frentes populares de colaboración de clases, con las que traicionaran la revolución y la guerra civil en Estado Español, y la revolución en Francia.
Así, en mayo de 1935, Stalin traicionó no sólo al proletariado francés sino a la clase obrera mundial, y enterró el internacionalismo proletario al firmar un pacto con Laval, el canciller imperialista francés, y al decirles a los trabajadores de todo el mundo, que la guerra interimperialista y la invasión de la URSS se impedían con la clase obrera apoyando a las burguesías imperialistas "democráticas" contra el fascismo. Exactamente lo mismo que hoy les dicen Fidel Castro y Celia Hart a los trabajadores norteamericanos, y que ayer les dijeron a las masas en todo el mundo llevándolas a los pies de la ONU y de los imperialistas franceses y alemanes "democráticos", contra el "fascista" Bush, durante las movilizaciones contra la guerra de Irak.
De la misma manera, en el Estado Español en los '30, en medio de la guerra civil, la burocracia stalinista de Moscú y el PC español les dijeron a los obreros que primero había que ganar la guerra contra el "fascista" Franco, y que para ello había que apoyar a la burguesía republicana, y recién luego estaría planteado luchar por la revolución socialista. Esta fue la política contrarrevolucionaria de colaboración de clases, de "revolución por etapas", con la que el Frente Popular estranguló la revolución española y llevó al proletariado a la derrota en la guerra civil.
De la misma manera, hoy Fidel Castro y su discípula Celia Hart le dicen a la clase obrera y los explotados de América Latina que primero hay que apoyar a los Kirchner, Lula, Vázquez y demás que pueden ser "gobiernos populares" que "distribuyan la riqueza", como dijo Fidel Castro en su visita a Buenos Aires.
La política del pacto Stalin-Laval, la del frente popular y la colaboración de clases, la que llevó a la derrota a la heroica clase obrera del Estado español y al estrangulamiento de la revolución francesa en los '30, es la política que propugna la supuesta "trotskista" Celia Hart Santamaría, para la "revolución" en América Latina. Una política stalinista clásica, enemiga de la revolución socialista. ¡Fuera las manos de Celia Hart y de esta impostura de la burocracia castrista del legado de León Trotsky!

LAS VERDADERAS ENSEÑANZAS DE LENIN Y DE LA III INTERNACIONAL REVOLUCIONARIA, Y LA IMPOSTURA DE HART SANTAMARÍA

Hemos visto hasta aquí cómo el supuesto "trotskismo" de Celia Hart Santamaría no pasa la prueba de la revolución boliviana de hoy; de la política internacional contrarrevolucionaria de la burocracia castrista, de la lucha por la revolución en los Estados Unidos, y, por el contrario, cómo se desnuda como una ferviente defensora de la estrategia stalinista del frente popular y de la colaboración de clases con la burguesía.
Pero es necesario, por más desagradable que sea, seguir desenmarañando la madeja de esta vil impostura montada por la burocracia castrista, que tampoco pasa la prueba no sólo del legado de León Trotsky, sino también de las enseñanzas de Lenin y de la III Internacional revolucionaria. Veamos.
A fines de 1921 y principios de 1922, luego de que la URSS quedara aislada por la derrota de la revolución alemana y húngara, y agotada tras cuatro años de guerra imperialista y otros cuatro años de guerra civil, en medio de escasez y hambruna, Lenin empezó a alertar sobre los peligros de la burocratización del estado obrero y del partido.
En la misma época, a causa del retroceso de la revolución mundial y el aislamiento de la URSS, y de la debacle económica, que ponían en riesgo la alianza obrera y campesina y con ello, la existencia del propio estado obrero, se hizo necesario impulsar la NEP (Nueva Política Económica) que permitía un resurgimiento limitado del libre mercado, sobre todo en el campo. La producción industrial había bajado drásticamente y la hambruna se expandía en el campo, ya que la producción del campesino se requisaba sistemáticamente para asegurar la provisión de las tropas del Ejército Rojo y de las ciudades. La NEP fue entonces un recurso temporario para revivir la economía devastada y permitir así la supervivencia del Estado Obrero hasta la próxima oleada revolucionaria del proletariado occidental.
Así lo definía la III Internacional "Al haber vencido a la burguesía en el campo político y en la guerra, hemos podido tomar las riendas de la vida económica y, nos vimos obligados a reintroducir las formas del mercado en las relaciones entre la ciudad y el campo, entre las diferentes ramas de la industria, y entre las empresas individuales.
Si fracasaba el libre mercado, el campesino no hubiera sido capaz de encontrar su sitio en la vida económica, perdiendo el estímulo para mejorar y extender sus cosechas. Únicamente un ascenso poderoso de la industria que permita satisfacer las necesidades del campesinado y de la agricultura preparará el terreno para integrar al campesino en el sistema general de la economía socialista. Técnicamente, esta tarea será resuelta por la electrificación, que asestará el golpe definitivo a la vida rural atrasada, al aislamiento de los mujiks y al embrutecimiento de la vida en el campo." (Informe de León Trotsky al IV Congreso de la Internacional Comunista).
Frente al peligro de que bajo esas condiciones se desarrollaran desviaciones burocráticas en el aparato del Estado obrero, Lenin planteó -y defendió muy duramente esa posición, inclusive contra Trotsky, que al principio se oponía a ella- la necesidad de que los sindicatos jugaran en el estado obrero un rol clave en la defensa de los obreros contra todo abuso o desviación burocráticos.
Así lo planteaba en la resolución del Comité Central del Partido Comunista en enero de 1922:

"La transferencia de las empresas estatales hacia la llamada base de beneficio está inevitable e inseparablemente conectada con la NEP. En el futuro cercano, está destinada a devenir en la forma predominante, si no la única, de la empresa estatal (...) En vistas de la urgente necesidad de aumentar la productividad del trabajo y de hacer que cada empresa estatal pague sus costos y dé una ganancia; y en vistas del inevitable crecimiento de estrechos intereses departamentales y de excesivo celo departamental, la circunstancia está destinada a crear un cierto conflicto en cuestiones concernientes a las condiciones de trabajo, entre la masa de trabajadores y los directores y gerentes de las empresas estatales, o con los departamentos gubernamentales a cargo de las mismas. Por lo tanto, en relación a las empresas socializadas, es indudablemente el deber de los sindicatos proteger los intereses de los obreros, facilitar tanto como sea posible el mejoramiento de su nivel de vida, y corregir constantemente los errores y excesos de las empresas resultantes de las distorsiones burocráticas del aparato del estado" (Lenin, "Rol y función de los sindicatos bajo la Nueva Política Económica" - Resolución del CC del Partido Comunista de Rusia (bolchevique), 12 de enero de 1922, negritas nuestras).
Para permitir que efectivamente los sindicatos pudieran jugar este rol de defender los intereses de los trabajadores contra toda distorsión burocrática del estado o de las direcciones de las empresas estatales, etc., Lenin y los bolcheviques definieron una serie de medidas. La primera de ellas, y fundamental, fue la de terminar con la afiliación automática de todos los trabajadores asalariados a los sindicatos, y establecer la vuelta a la afiliación voluntaria. Decían así en la misma resolución:

"La actitud formal de los sindicatos de enrolamiento automático de todos los trabajadores asalariados como miembros de los sindicatos ha introducido un cierto grado de distorsión burocrática en los sindicatos y ha causado que estos últimos pierdan contacto con las amplias masas de su membresía. Por lo tanto, es necesario implementar de la manera más resuelta, la afiliación voluntaria tanto de individuos como de grupos a los sindicatos. Bajo ninguna circunstancias un miembro de un sindicato será requerido para que suscriba un punto de vista político específico. Al respecto, así como también respecto de la religión, los sindicatos deben ser no-partidarios". (ídem, negritas nuestras).
De esta manera, Lenin y la III Internacional revolucionaria nos dejaron un enorme legado y enseñanzas sobre cómo y con qué medidas enfrentar los peligros de las desviaciones burocráticas en un estado obrero naciente que, por un período, queda aislado por el retroceso de la revolución mundial.
Ahora bien, Celia Hart nos dice que "... En Cuba existen los problemas del socialismo en un solo país, que no se puede hacer. Hay una revolución socialista que se está defendiendo en un medio hostil. Fidel no incorpora la revolución permanente en su discurso, pero no me importa porque él lidera la revolución. Por supuesto hay sectores que han burocratizado muchas cosas del país. Y está el problema de la posibilidad de una restauración capitalista dada la dolarización. El burocratismo y la restauración tienden a hacer alianza, en la URSS fue así... (...) Se demostró la claridad de Trotsky: la revolución permanente, el internacionalismo y también la lucha contra la burocracia. Ahí está el problema de Cuba que tenemos que resolver, el de la burocracia, si no nos va a comer el problema de la dolarización..." (Entrevista a Celia Hart Santamaría, "Granma Internacional" 8/11/04, reproducido de "Alternativa Socialista", MST de Argentina).
En otro artículo plantea que "Sin dudas el proceso de despenalización de la tenencia de divisa; el establecimiento del comercio en esta moneda; el incremento acelerado del turismo y empresas mixtas que se desenvuelven internamente con parámetros capitalistas, ha sido un trago amargo para la revolución (...) Parte de los cubanos comienzan a pensar necesariamente con mentalidad capitalista..." ("El socialismo, ese único mundo mejor", 20/12/04).
Se cae de maduro que si en un país como la URSS en la década del '20, atrasado en relación a los países imperialistas de Europa y a los Estados Unidos, pero a la vez un país con un enorme territorio y grandes riquezas naturales, era terrible el peligro de la burocratización del estado obrero, ¡ni qué decir de Cuba, una pequeña isla, después de 45 años! Desde ya que los trotskistas principistas afirmamos no sólo que dicho estado obrero nació ya deformado, es decir, burocratizado desde sus orígenes, sino que afirmamos además que la burocracia castrista ya ha descompuesto sus bases y ha avanzado en un plan de restauración capitalista.
Celia Hart, por el contrario, afirma que sólo hay tendencias a la burocratización, e inclusive que existe el peligro de la restauración capitalista. Ahora bien, ¿sigue entonces las enseñanzas de Lenin y el partido bolchevique en los '20? No, en absoluto. Su silencio es total. Nada dice de luchar por el fin del control del estado y del PC sobre los sindicatos, por la afiliación voluntaria a los mismos, por que los obreros puedan luchar, organizarse y hacer huelgas -incluida, por supuesto, la huelga general- contra la desigualdad salarial y de condiciones de trabajo existentes entre el sector de la economía que sigue siendo estatal, y las empresas mixtas y privadas; contra los abusos burocráticos y los privilegios de los gerentes y directores de las empresas que cobran en pesos convertibles. Celia Hart no solo es una impostura de "trotskista", sino que ni siquiera tiene una pizca de leninista.

EL PROGRAMA DE LEÓN TROTSKY Y DE LA IV INTERNACIONAL PARA LA URSS EN LOS '30

León Trotsky y la Oposición de Izquierda primero, y luego la IV Internacional, fueron los continuadores del leninismo y de la III Internacional revolucionaria, enfrentando a la burocracia stalinista desde su mismo surgimiento como centrismo burocrático, y luego también en su pase abierto al campo de la contrarrevolución. Una vez consumado este último, definen con claridad la necesidad de una revolución complementaria al interior de la URSS, la revolución política que significaba el "derrocamiento de la burocracia que se mantiene por la violencia y la falsificación. Sólo el levantamiento revolucionario victorioso de las masas oprimidas puede regenerar el régimen soviético y asegurar la marcha adelante hacia el socialismo. Sólo el partido de la IV Internacional es capaz de dirigir a las masas soviéticas a la insurrección". Así lo expresaba el Programa de Transición de la IV Internacional, que desarrolla a su vez con claridad el programa para enfrentar a la burocracia stalinista y preparar la revolución política, partiendo de la lucha contra la desigualdad social y la opresión política. Se nos disculpará por citar extensamente el Programa de Transición de la IV Internacional al respecto, pero se nos hace inevitable ante el hecho de que estamos ante alguien que, como Celia Hart, dice reivindicar el legado de León Trotsky pero que jamás menciona su lucha y la de la IV Internacional por la revolución política contra la burocracia stalinista.
La IV Internacional fue absolutamente clara en su programa de lucha contra la burocracia usurpadora del estado obrero soviético:

"¡Abajo los privilegios de la burocracia! ¡ Abajo el stajanovismo! ¡ Abajo la aristocracia soviética con sus grados y decoraciones! ¡Más igualdad en el salario de todas las formas de trabajo!
La lucha por la libertad de los sindicatos y los comités de fábrica, por la libertad de reunión y de prensa, se desarrollará en lucha por el renacimiento y regeneración de la democracia soviética.
"La burocracia ha reemplazado a los soviets, en sus funciones de órgano de clase, por la ficción del sufragio universal, al estilo de Hitler-Goebbels. Es necesario devolver a los soviets no solamente su libre forma, democrática, sino también su contenido de clase. De la misma manera que antes la burguesía y los Kulaks no eran admitidos en los soviets, ahora la burocracia y la nueva aristocracia deben ser arrojada de los soviets. En los soviets no hay lugar más que para los obreros, para los miembros de base de los Koljoses, los campesinos y los soldados rojos.
"La democratización de los soviets es inconcebible sin la legalización de los partidos soviéticos. Los obreros y los campesinos, por sí mismos y por su libre sufragio decidirán qué partidos serán considerados como partidos soviéticos.
"¡Revisión completa de la economía planificada en interés de los productores y consumidores! Se debe devolver el derecho de control de la producción a los Comités de fábrica. La cooperativa de consumos, democráticamente organizada, debe controlar la calidad de los productos y sus precios.
"¡Reorganización de los Koljoses de acuerdo con la voluntad e interés de los trabajadores que los integran!
"La política internacional conservadora de la burocracia debe ser reemplazada por la política del internacionalismo proletario. Toda la correspondencia diplomática del Kremlin debe ser publicada. ¡Abajo la diplomacia secreta!
"Todos los procesos políticos montados por la burocracia termidoriana deben ser revisados, bajo una publicidad completa y un libre examen. Los organizadores de las falsificaciones deben sufrir el merecido castigo (...)
"¡Abajo la camarilla bonapartista del Caín-Stalin!
¡Viva la democracia soviética!
¡Viva la revolución socialista internacional!" (Programa de Transición)

Por levantar, defender y luchar por este programa, los trotskistas en los '30 fuimos perseguidos y atacados por el stalinismo, confinados por miles, torturados y fusilados en los campos de concentración de la URSS, asesinados como Rudolph Klement, León Sedov, Erwin Wolf, y el propio León Trotsky, entre tantos otros camaradas que cayeron a manos de la canalla stalinista. La IV Internacional planteaba para la URSS en los '30 un claro pronóstico alternativo: o avanzaba con triunfos decisivos la revolución en Occidente dando impulso a la revolución mundial, y triunfaba al interior de la URSS una revolución política que, dirigida por la sección soviética de la IV Internacional, derribara a la burocracia, restaurara el poder de los soviets y pusiera al estado obrero al servicio de la revolución mundial; o tarde o temprano la burocracia terminaría por entregar al estado obrero a la restauración capitalista.
Este pronóstico se cumplió a rajatabla en 1989 para la ex URSS, los Estados del Este de Europa, y China: sin avance de la revolución mundial, sin triunfo de una revolución política, la burocracia que ya se había pasado abiertamente al campo de la restauración capitalista en los '80, impuso la restauración capitalista y se recicló a sí misma en burguesía.
Este es el peligro que se cierne hoy claramente sobre Cuba, que es aún un estado obrero pero en aguda descomposición por la política restauracionista que viene aplicando la burocracia castrista. Por ello, no se puede hoy proclamarse "trotskista" y no levantar frente a Cuba no sólo su defensa frente a toda agresión imperialista, sino también la lucha contra la contrarrevolución interna, es decir, por la revolución política contra la burocracia castrista que prepara la consumación de la restauración capitalista.
El Programa de la IV Internacional antes planteado mantiene toda su vigencia para Cuba. Así, contra los enormes privilegios de una minoría de burócratas y de aristocracia obrera que viven con lujos y cobran en pesos convertibles, es necesario plantear con claridad "¡Abajo la burocracia con sus privilegios, sus rangos y medallas! ¡Abajo la aristocracia obrera y sus prebendas! ¡Que todos los burócratas vuelvan a trabajar cobrando el salario medio de un obrero y en pesos cubanos! ¡Basta de salarios diferenciales y los premios por producción, en las empresas mixtas e imperialistas! ¡A igual salario, igual trabajo en todas las fábricas y empresas del país!
Nada de ello le hemos escuchado decir ni escribir a Hart Santamaría. Lo único que ha dicho en el último tiempo, es alegrarse por la resolución de Fidel y la burocracia de poner un alto impuesto al manejo de dólares en la isla, pero ocultando y guardando absoluto silencio sobre el hecho de que sigue habiendo dos monedas en Cuba: el peso convertible -llamado popularmente "chavito"- de valor uno a uno con el dólar, que es el que maneja la burocracia, la aristocracia obrera y los crecientes estratos de clases medias enriquecidas; y el devaluado peso cubano en que cobran sus magros sueldos la amplia mayoría de obreros y campesinos que incluso siguen sujetos aún a cartillas de racionamiento.
Tampoco dice nada Celia Hart sobre la lucha por la más amplia democracia obrera, por la libertad de los sindicatos, comités de fábrica, la libertad de reunión y de prensa para los obreros, campesinos y soldados -que han demostrado ser los verdaderos defensores de la revolución-, para que éstos puedan poner en pie consejos de obreros, campesinos y soldados en los que no haya lugar para la aristocracia ni la burocracia obreras, y donde éstos decidan democráticamente cómo defender la revolución, y tomen esa tarea en sus propias manos.
Hart Santamaría no puede ignorar, puesto que admite haber leído "La Revolución traicionada" entre otras obras de Trotsky que, contra el régimen stalinista de partido único, que asfixiaba a la clase obrera en la URSS, Trotsky y la IV Internacional levantaban la lucha por la "legalización de los partidos soviéticos", es decir, que fueran los obreros y campesinos los que resolvieran a qué partidos les daban la legalidad, siempre y cuando defendieran la revolución. Sin embargo, nada dice de esto.
Celia Hart viene del riñón del PC Cubano, y sabe por lo tanto perfectamente que en Cuba impera el mismo régimen de partido único impuesto por la burocracia castrista. Ésta, mientras permite que la Iglesia católica y los monopolios instalados en la isla debatan sobre cómo mejor imponer la restauración capitalista, y que la burocracia del PC tenga toda la "democracia" para hacer leyes a su gusto y garantizarse negocios con los monopolios imperialistas, impide toda discusión democrática de los únicos que verdaderamente defienden la revolución, que son los obreros, los campesinos y los soldados.
Se nos podrá objetar que esto no es así, que por ejemplo los dirigentes del SWP de los Estados Unidos viajan asiduamente a Cuba a dar charlas y conferencias a las Juventudes Comunistas; o que la corriente de Alan Woods con su editorial acaba de participar de la Feria del Libro de La Habana, o que a Mercedes Petit del MST de Argentina la publican en Granma, y que eso demuestra que estamos equivocados, que en Cuba inclusive los trotskistas pueden hablar, difundir sus ideas, etc. Pero esto no es así: la verdad es que los únicos "trotskistas" que tienen legalidad y permiso para ir a Cuba y difundir sus ideas, son aquellos dirigentes y corrientes como los antes mencionados que ya han renegado del trotskismo, de su programa, de la lucha por la revolución política y se han hecho abiertamente castristas.
De todas maneras, y como lo hemos planteado al inicio de esta polémica, quizás los trotskistas de la FTI-CI estemos equivocados. De ser así, la señora Celia Hart y sus amigos de la TMI y del MST argentino tienen una manera sencillísima de demostrarlo: pueden organizar una charla abierta en la Universidad de La Habana, anunciada y publicitada en todos los medios de prensa de Cuba, a la que los trotskistas principistas podamos ir a dialogar con los obreros, campesinos y los jóvenes cubanos para luchar por convencerlos de nuestras posiciones, de que la burocracia castrista prepara la restauración capitalista, de que la mejor defensa de la revolución es el avance de la revolución en América Latina y por ello es necesario derrotar la política de colaboración de clases del castrismo en el continente y hoy en primer lugar en Bolivia, y de que es necesario organizar una revolución política triunfante contra la burocracia, etc. Pueden demostrarnos que estamos equivocados si garantizan que podamos llamar a los obreros, campesinos y jóvenes cubanos que coincidan con nuestras posiciones, a organizarse para luchar por la refundación de la IV Internacional y para poner en pie en Cuba un partido trotskista cuartainteracionalista, con garantías de que no terminaremos deportados o con nuestros huesos en la cárcel. Insistimos, estamos totalmente abiertos a que nos convenzan con el veredicto de los hechos.

¿UN "ALA REISS"; O UNA IMPOSTURA MONTADA POR LA BUROCRACIA RESTAURACIONISTA?

En última instancia, cuando Alan Woods, Mercedes Petit, el SWP y compañía nos dicen que Celia Hart Santamaría es "trotskista", están queriendo convencernos de que estamos ante el surgimiento de una "ala Reiss" en el seno mismo de la burocracia castrista.
Ignace Reiss, en la década del '30, era un agente de la GPU que actuaba en Gran Bretaña, Suiza y Holanda. A mediados de 1937, luego del primero y el segundo proceso de Moscú y de la liquidación por parte de la burocracia stalinista de toda la vieja guardia bolchevique, cuando le ordenaron que preparara acusaciones que implicaran a León Sedov y a otros, rompió con la GPU y la Comintern. Devolvió su condecoración de la Orden de la Bandera Roja, escribió a sus viejos amigos en el extranjero para instarlos a que abandonaran el servicio, y se unió a la IV Internacional. Pocos meses después, el 4 de septiembre, era asesinado en Lausanna, Suiza, por un agente stalinista.
La ruptura de Reiss con la GPU y la Comintern y su adhesión a la IV Internacional, y al mismo tiempo el surgimiento de alas fascistas de la burocracia -como lo expresaba en aquel momento F. Butenko-, eran la expresión de los choques brutales que existían al interior de las filas de la burocracia, que reflejaban a su vez "las contradicciones entre la burocracia y el pueblo, así como los antagonismos que se profundizan en el interior del 'pueblo' mismo". Así lo expresaba la IV internacional, en el Programa de Transición, que continúa diciendo: "... en la burocracia está toda la gama del pensamiento político: desde el verdadero bolchevismo (I.Reiss) hasta el fascismo consumado (F. Butenko). Los elementos revolucionarios dentro de la burocracia, una pequeña minoría, reflejan aunque pasivamente los intereses socialistas del proletariado. Los elementos fascistas, contrarrevolucionarios, que aumentan ininterrumpidamente, expresan de forma cada vez más consistente los intereses del imperialismo mundial (...) Entre los dos polos hay tendencias intermedias, difusas tendencias mencheviques, socialistas revolucionarias o liberales que gravitan hacia la democracia burguesa...".
El pronóstico de surgimiento de "alas Reiss" en la década del '30, estaba ligado estrechamente por un lado a que éstas surgían en respuesta al hecho de que, ante el ascenso del fascismo en Occidente, alas de la burocracia se hacían restauracionistas, como F. Butenko; y por otro, y fundamentalmente, a que a estas condiciones objetivas se sumaba el hecho de que existía la IV Internacional dirigida por Trotsky, dirigente de la revolución rusa, del estado soviético, del ejército rojo, y fundador de la III Internacional junto a Lenin, que tenía, además, su sección más grande precisamente en la URSS, con 15.000 militantes en la clandestinidad o recluidos en los campos de concentración del stalinismo. Pero aún bajo estas condiciones, la IV Internacional afirmaba que los "elementos revolucionarios" dentro de la burocracia eran una "pequeña minoría", como lo mostró el hecho de que el caso de Reiss fue una excepción.
Ya vimos como en 1989 no surgió ninguna "ala Reiss". Y esto fue así, en primer lugar, porque los intentos de revolución política que intentaron las masas en el Este de Europa y la URSS en las décadas previas, fueron aplastados; porque fue abortado y estrangulado el ascenso revolucionario de 1968-74 en Occidente, y fundamentalmente, porque las "alas Reiss" solamente podían surgir si existía un polo revolucionario, una IV Internacional centralizada que combatiera a muerte a la burocracia stalinista contrarrevolucionaria, cuestión que fue impedida por la acción del centrismo, el oportunismo y el pablismo.
De la misma manera, no hay ni puede haber hoy "alas Reiss" que emerjan del seno de la burocracia castrista restauracionista, porque fueron liquidados y entregados a la restauración capitalista los ex estados obreros del Este de Europa, China y la URSS; porque la burocracia de conjunto se ha hecho restauracionista, y fundamentalmente, porque no existe una IV Internacional revolucionaria centralizada bajo cuyo influjo puedan desarrollarse, aún minoritariamente, elementos revolucionarios surgidos del seno de la burocracia castrista.
En última instancia, la prueba fehaciente de que Celia Hart Santamaría y su "fracción" no son en absoluto un "ala Reiss", es que Ignace Reiss rompió abiertamente con la GPU, la Comintern y el PC Ruso, abandonó todos sus cargos y condecoraciones y por ello, fue perseguido, silenciado, asesinado. Por el contrario, la de Celia Hart Santamaría sería una rara "ala Reiss" que sigue siendo miembro y dirigente del PC Cubano, a la que le publican sus escritos, que viaja a Venezuela, a España, a Argentina y vuelve a Cuba sin problemas, que tiene un stand en la feria del libro de La Habana. Es que ¿por qué va a querer la burocracia restauracionista silenciar a alguien que, apelando a la "revolución permanente" y al legado de Trotsky, se la pasa alabando a Fidel Castro y a Chávez?

¡FUERA LAS MANOS DE FIDEL CASTRO Y LA BUROCRACIA CASTRISTA DEL LEGADO DE LEÓN TROTSKY!
¡FUERA DE LA IV INTERNACIONAL LA SÍFILIS DEL PABLISMO QUE SE ARRODILLA NUEVAMENTE ANTE EL STALINISMO!

Queda claro entonces que estamos ante una cínica impostura, ante una política consciente de la burocracia castrista de montar un "ala izquierda" pública, utilizando para ello las banderas del trotskismo, para poner en pie nuevos diques de contención a la lucha de las masas en América Latina y tratar de encubrir la traición del castrismo a su combate; para encubrir "por izquierda" los negocios que está haciendo la burocracia preparando la restauración, y para contener y engañar en la propia Cuba a las masas cubanas, que son revolucionarias y antiimperialistas, y por lo tanto, un obstáculo que la burocracia deberá vencer y aplastar para poder imponer la restauración capitalista.
Esta política de la burocracia stalinista de inventar supuestos "giros a la izquierda" de alas de ella, no es una novedad. Por ejemplo, a mediados de los '80, mientras la burocracia soviética se pasaba con Gorbachov -y la burocracia china con Deng Xiao Pinga- al campo de la restauración capitalista, mientras de la mano de Fidel Castro consumaban la entrega de la revolución centroamericana con los pactos de Esquipulas y Contadora, mandaban a Shafik Handal del Frente Farabundo Martí de El Salvador a aparecer públicamente llamando a los partidos comunistas de América Latina a hacerse una "autocrítica" por haber buscado durante décadas "aliados a la derecha", y los llamaba a mirar y a buscar unirse con los "aliados de izquierda".
Fue una política para lavarse la cara de las traiciones que ya habían cometido y ponerse un nuevo maquillaje "de izquierda" para encubrir que preparaban la más grande traición al proletariado mundial: la entrega de los estados obreros a la restauración capitalista. Y a ello se prestaron gustosas las corrientes que hablaban en nombre del trotskismo, ya devenidas en los '80 en oportunismo y nacional trotskismo. Así, vimos al mandelismo dando "apoyo crítico" a Gorbachov, alabando la "glasnost" y criticando la "perestroika"; vimos al mandelismo y al lambertismo en Francia apoyando al gobierno imperialista de colaboración de clases de Mitterrand, el Partido Socialista y el Partido Comunista. E inclusive, vimos a la corriente morenista en América Latina desarrollar su "teoría" de que había "alas trotskizantes" que surgían de las corrientes stalinistas con las que había que hacer un Frente Unico Revolucionario (FUR), con programa mínimo y con los trotskistas en minoría.
Hoy la burocracia castrista no podría intentar este robo alevoso del legado del trotskismo y utilizarlo para encubrir sus traiciones y su política de restauración capitalista, sin la abierta colaboración y concurso gustoso de los renegados del trotskismo, que están consumando y completando así un largo camino de subordinación al stalinismo. Estas corrientes, que han renegado por supuesto de la lucha por la revolución política en Cuba, en Europa sostienen a las aristocracias y burocracias obreras de la Europa imperialista y hacen partidos únicos con los stalinistas en Refundación Comunista en Italia; dentro de Respect en Gran Bretaña; dentro de Izquierda Unida en España, entre otros.
En Estados Unidos, el SWP se ha transformado en la sección norteamericana del Partido Comunista cubano; y junto con los espartaquistas y demás renegados del trotskismo, son los que le abrieron la puerta al castrismo para que éste controle al movimiento obrero negro y latino en ese país.
En América Latina, el MST de Argentina está en un partido único con el stalinismo desde hace una década. En Chile, todos los grupos renegados del trotskismo están en el PODEMOS, un partido único con el PC y la Izquierda Cristiana, de colaboración de clases. El PSTU-LIT en Brasil paga para tener en sus eventos como invitado de honor a James Petras, otro castrista redomado. Todos, junto con el stalinismo, viajaron a Venezuela a apoyar a Chávez en el referéndum, como lo mandó Fidel.
Hoy se está haciendo de derecho lo que ya era de hecho: el castrismo, poniendo en pie esta fracción pública que se dice "trotskista", está consumando la subordinación completa y el disciplinamiento de las corrientes liquidadoras del trotskismo, para avanzar en transformar a estos partidos en verdaderas "secciones nacionales" en los distintos países de América Latina y en los Estados Unidos, de esta "ala izquierda" del PC Cubano, de la cual Hart Santamaría es su dirigente y figura pública. Los liquidadores del trotskismo, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, se han puesto ya bajo las órdenes directas de la más grande traidora de la revolución americana: la burocracia stalinista castrista.
La propia Celia Hart se ha encargado de dejar clara y a la vista su impostura. Un periodista del diario La Jornada de México que la entrevistó, escribió que ella afirmaba que había que buscar una "alternativa de izquierda" en Cuba. Frente a ello Hart Santamaría salió velozmente a responder, para despejar cualquier sospecha, diciendo: "No resulta claro lo que digo sobre la opción de izquierda. No es de ninguna manera que crea que puede haber una opción victoriosa en Cuba 'a la izquierda' de Fidel castro. Esto es imposible. A la izquierda de Fidel, está el barranco. Sin él, sin contar con él, es imposible fundar nada viable de izquierda (...) Tengo mis discusiones y mis dudas con el Partido Comunista de Cuba, pero milito en él, sin querer salirme. La inercia existe. Es cierto que hemos heredado parte del viejo stalinismo, pero Fidel nos ha superado, como siempre hace. Existe misteriosamente en Cuba un verdadero partido comunista forjado al calor de la batalla de ideas. La opción de izquierda creo que se abre en Cuba precisamente porque Fidel es su paradigma". (A propósito de mi entrevista en La Jornada del día 5 de abril", por Celia Hart Santamaría). A confesión de parte, relevo de pruebas: sobran más palabras.
En oposición a lo que dice Hart Santamaría, los trotskistas principistas afirmamos que "a la izquierda de Fidel", lo que hay son las masas bolivianas que pugnan por hacerse del poder contra las trampas y traiciones de los Morales, los Solares, Quispe y demás agentes del castrismo; son las masas ecuatorianas que derrocaron a Gutiérrez quien fuera el niño mimado del Foro Social Mundial, enfrentando al mismo tiempo a todas las corrientes castristas y stalinistas que lo sostuvieron y lo llevaron al poder; es la tenaz y persistente lucha antiimperialista y revolucionaria de las masas latinoamericanas. Afirmamos que "a la izquierda de Fidel" está la heroica resistencia de las masas iraquíes que ha pegado un salto haciendo entrar en crisis al nuevo gobierno títere del protectorado, que todos los días sigue mandando de vuelta a los Estados Unidos cadáveres de marines invasores, resistencia que es alentada por el creciente rechazo no sólo de la clase obrera, sino de amplios sectores de la población norteamericana, a la guerra y a la ocupación de Irak. Afirmamos que "a la izquierda de Fidel" están los obreros portuarios de Oakland que el 19 de marzo pasado paralizaron con su huelga todos los puertos de la Bahía de San Francisco en contra de la ocupación imperialista de Irak, y que impulsan el Movimiento de la Marcha del Millón de Obreros contra la guerra con un programa de lucha contra la burocracia sindical de la AFL-CIO, de combate clase contra clase y contra su propia burguesía imperialista opuesto por el vértice al programa de la burocracia castrista y de Celia Hart.
Afirmamos que "a la izquierda de Fidel" están los obreros y campesinos de Kirguiztán y Uzbekistán, y sus heroicos levantamientos revolucionarios en contra de los regímes y gobiernos restauracionistas de los ex burócratas stalinistas devenidos en nueva burguesía que, como socia menor del imperialismo, explota y reprime brutalmente a sus propios pueblos, y entregan las riquezas de esas naciones a los monopolios imperialistas.
Sostenemos que a la "izquierda de Fidel" está la amplia mayoría de los obreros, campesinos y soldados cubanos que enfrentan al imperialismo, que quieren defender las conquistas de la revolución, y que necesitan tirar abajo a la burocracia castrista para salvar a Cuba de la restauración capitalista y poner al estado obrero al servicio de la revolución mundial.
Los trotskistas principistas afirmamos y denunciamos ante las masas cubanas, latinoamericanas y norteamericanas, que "el precipicio" son Fidel Castro y la burocracia restauracionista que se aprestan a consumar la restauración capitalista en Cuba y a reciclarse en burguesía, y para ello ya tienen montadas sus empresas "off shore", sus cuentas bancarias en el exterior, etc., y que con ese objetivo impulsan una política continental de colaboración de clases para estrangular la lucha de las masas de América Latina y el despertar de la clase obrera norteamericana.
Denunciamos que esta impostura montada por la burocracia castrista y encabezada por Celia Hart, que ha disciplinado a las corrientes de los renegados del trotskismo, y constituye un "ala izquierda" del Foro Social Mundial, va a ser la encargada de estrangular a la heroica revolución boliviana desde adentro, como lo hiciera Fidel Castro en Chile en los '70 donde fue a predicar la "vía pacífica al socialismo". Fidel Castro que hoy -cuando apoya abiertamente a Rodríguez y Evo Morales y su plan de transición hacia las elecciones- ya no puede jugar directamente el rol de estrangular desde adentro la revolución boliviana: no es creíble ante las masas bolivianas que ya identifican con claridad a Morales como traidor. Por ello, los que irán a Bolivia a cumplir esa tarea de estrangular "por izquierda" sobre todo a la vanguardia obrera revolucionaria de El Alto, serán los liquidadores del trotskismo de todo el continente centralizados por Celia Hart Santamaría, que ya se están preparando para intervenir en la reunión de la Asamblea Popular Nacional Originaria convocada para el 23 de julio; y en el Encuentro continental de organizaciones obreras y campesinas convocado para agosto, para impedir que se ponga en pie efectivamente un organismo de poder obrero y campesino con sus milicias que desconozca a Rodríguez y al parlamento fantoche; y para impedir que los obreros y campesinos bolivianos conquisten una unidad revolucionaria con sus hermanos de clase de América Latina para enfrentar al imperialismo, a los monopolios, y sobre todo a los Kirchner, los Lula, Tabaré Vázquez y demás gobiernos cipayos apoyados por la burocracia castrista.
Contra la impostura montada por la burocracia castrista y por Celia Hart Santamaría, que ha convencido y subordinado a los liquidadores del trotskismo, los trotskistas internacionalistas declaramos que nosotros no nos tragamos esta vulgar impostura, y levantamos con orgullo las banderas de la IV Internacional y del Programa de Transición: " La IV Internacional goza ya desde ahora del justo odio de los stalinistas, de los socialdemócratas, de los liberales burgueses y de los fascistas. No tiene ni puede tener lugar alguno en ningún frente popular. Combate irreductiblemente a todos los grupos políticos ligados a la burguesía. Su misión consiste en aniquilar la dominación del capital, su objetivo es el socialismo. Su método, la revolución proletaria. (...) La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección proletaria. Los obreros revolucionarios agrupados en torno a la IV Internacional señalan a su clase el camino para salir de la crisis. Le proponen un programa basado en la experiencia internacional del proletariado y de todos los oprimidos en general, le proponen una bandera sin mácula. Obreros y obreras de todos los países, agrupáos bajo la bandera de la IV Internacional. ¡Es la bandera de vuestra próxima victoria!".

Nota:
1 Celia Hart Santamaría es hija de Haydée Santamaría -quien participara del asalto al Cuartel de Moncada-, y de Armando Hart quien fuera el primer ministro de Educación de Cuba luego del triunfo de la revolución en 1959, y luego ministro de Cultura por más de 20 años.

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En Homenaje a Ignace Reiss asesinado por el stalinismo en 1937

"Carta al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética"
Ignace Reiss (Ludwig) - 17 de julio de 1937

Ignace Reiss (cuyo seudónimo era Ludwig) fue un agente de la GPU stalinista en Occidente que en 1937 rompió con la misma, y abrazó las banderas de la IV Internacional.
Reproducimos aquí, traducida del francés y en su homenaje, su carta de ruptura con la GPU, con Stalin y la Comintern.
Un mes y medio luego de enviar esta carta, el 4 de septiembre de 1937, fue asesinado por órdenes de Stalin, cerca de Lausana, Suiza.

La carta que les escribo hoy debí haberla escrito hace mucho tiempo ya, el día en que los "Dieciséis" (1) fueron masacrados en los sótanos de la Lubianka, por orden del "Padre de los Pueblos".
Sin embargo me callé. Tampoco elevé la voz para protestar luego de los asesinatos que le siguieron, y este silencio hace pesar sobre mí una pesada responsabilidad. Mi falta es grande, pero yo me esforzaré para repararla, y de repararla rápido para aliviar mi consciencia.
Hasta ahora he marchado con vosotros. No daré un paso más a vuestro lado. ¡Nuestros caminos divergen! ¡Quien se calla hoy, se hace cómplice de Stalin y traiciona la causa de la clase obrera y del socialismo!
Yo me bato por el socialismo desde la edad de veinte años. En el umbral de la cuarentena, no quiero vivir más de los favores de un Ejov.
Tengo detrás de mí dieciséis años de trabajo clandestino. Es bastante, pero me quedan fuerzas suficientes para recomenzar todo. Porque se trata de "recomenzar todo", de salvar el socialismo. La lucha ha comenzado ya hace tiempo. Quiero retomar mi lugar.
El alboroto organizado alrededor de los aviadores que sobrevolaron el Polo tiene la intención de ahogar los gemidos de las víctimas torturadas en la Lubianka, en la Svobodnaia, en Minsk, en Kiev, en Leningrado, en Tiflis. Esos esfuerzos son en vano. La palabra, la palabra de la verdad, es màs fuerte que el estrépito de los motores más potentes.
¡Los batidores de records de la aviación, es verdad, tocaron los corazones de las damas americanas y de la juventud de dos continentes intoxicados por el deporte, más fácilmente de lo que nosotros llegaremos a conquistar la opinión internacional y a sacudir la consciencia del mundo! No nos engañemos por eso: la verdad se abrirá su camino, el día de la verdad está más próximo, mucho más próximo de lo que piensan los señores del Kremlin. Está muy cerca el día en que el socialismo internacional juzgará los crímenes cometidos en el curso de los diez últimos años. Nada será olvidado, nada será perdonado. La historia es severa: "el jefe genial", "el padre de los pueblos", "el sol del socialismo" , rendir à cuenta de sus actos: la derrota de la revolución china, el plebiscito rojo (2), el aplastamiento del proletariado alemán, el social-fascismo y el Frente Popular, las confidencias a Howard (3), el coqueteo con Laval: todas cosas a cuál más genial.
El proceso será público, con testigos, una multitud de testigos, muertos o vivos; todos hablarán una vez más todavía, pero esta vez para decir la verdad, toda la verdad. Comparecerán todos, los inocentes masacrados y calumniados, y el movimiento obrero internacional los rehabilitará a todos, a los Kamenev y a los Mratchkovski, a los Smirnov y a los Muralov, a los Drobnis y a los Serebriakov, a los Mdivani y a las Okuyava, a los Rakovski y a los Andrés Nin, todos esos "espías y provocadores", todos esos "agentes de la Gestapo" y "saboteadores".
Para que la Unión Soviética y el movimiento obrero internacional enteros no sucumban definitivamente b ajo los golpes de la contrarrevolución abierta y del fascismo, el movimiento obrero debe desembarazarse de sus Stalin y de su stalinismo. Esta mezcla del peor de los oportunismos -un oportunismo sin principios- de sangre y de mentiras, amenaza envenenar el mundo entero y aniquilar los restos del movimiento obrero.

¡Lucha sin cuartel contra el stalinismo!

¡No al Frente Popular, si a la lucha de clases! ¡No a los comités, sì a la intervención del proletariado para salvar a la revolución española: tales son las tareas a la orden del día!

¡Abajo la mentira del "socialismo en un solo país"! ¡Volver al internacionalismo de Lenin!

Ni la II ni la III Internacionales son capaces de cumplir esta misión histórica: divididas y corrompidas, no pueden impedir que la clase obrera combata; no sirven sino de auxiliares a las fuerzas de la policía burguesa. Ironías de la Historia: antaño la burguesía poseía en sus filas los Cavaignacs y Gallifet, los Trepov y los Wrangel. Hoy es bajo la "gloriosa" dirección de las dos Internacionales que los proletarios cumplen ellos mismos el rol de verdugos de sus propios camaradas. La burguesía puede dedicarse tranquilamente a sus asuntos. En todas partes reinan "el orden y la tranquilidad" : existen todavía los Noske y los Ejov, los Negrín y los Díaz. ¡Stalin es su jefe y su abanderado, su Homero!

No, yo no puedo más. Vuelvo a ganar mi libertad. Vuelvo a encontrarme con Lenin, sus enseñanzas y su acción.
Espero consagrar mis modestas fuerzas a la causa de Lenin: quiero combatir, ¡porque sólo nuestra victoria -la victoria de la revolución proletaria- liberará a la humanidad del capitalismo y a la Unión Soviética del stalinismo!

¡Adelante, hacia nuevos combates por el socialismo y la revolución proletaria! ¡Por la construcción de la IV Internacional!

Ludwig (Ignace Reiss)
17 de julio de 1937

P.D.: En 1928 fui condecorado con la Orden de la Bandera Roja por servicios prestados a la revolución proletaria. Les envío adjunta dicha condecoración. Sería contrario a mi dignidad llevarla al mismo tiempo que los verdugos de los mejores representantes de la clase obrera rusa. Los Izvestia han publicado en el curso de las dos últimas semanas las listas de nuevos condecoradas, cuyas funciones se omiten púdicamente en silencio: son los ejecutores de las penas de muerte.


Notas

[1] Acusados del primer proceso de Moscú.

[2] Plebiscito reclamado en Sajonia por los nacional socialistas contra el gobierno socialdemócrata y apoyado por los comunistas.

[3] Stalin había declarado, en mayo de 1935, al periodista norteamericano Roy Howard que la idea de que la URSS podía alentar una revolución socialista mundial constituía "una tragicomedia".

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EN LUCHA POR LA REFUNDACIÓN DE LA IV INTERNACIONAL

Desde mediados/fines de 2004, asistimos a la consumación de un nuevo salto cualitativo en la degeneración y bancarrota de las corrientes que otrora usurpaban el nombre del trotskismo y de la IV Internacional. Es que a los liquidadores del trotskismo que en los '80, abrazados a un nacional trotskismo exacerbado, rompieron la continuidad con la estrategia y el programa de la IV Internacional (de la que se mantuvieron apenas débiles hilos en manos de pequeños grupos y corrientes que enfrentaron esta degeneración); que en 1989 estallaron en mil pedazos por estar colgados de los faldones del stalinismo, que en los '90 con un revisionismo feroz intentaron liquidar al socialismo científico, les faltaba poner el broche de oro a su nefasta "obra maestra". Así como el stalinismo lo hiciera en 1938 disolviendo la III Internacional y entrando a la Sociedad de las Naciones (la precursora de la actual ONU), hoy los renegados del trotskismo han terminado de liquidar la IV Internacional: se fueron todos a formar parte del Foro Social Mundial de Chávez, Fidel Castro y compañía, organizándose como "ala izquierda" del mismo.
Estamos frente a una acción totalmente consciente de estas corrientes de los renegados del trotskismo: han terminado su obra de liquidación de la IV Internacional. La lucha por su refundación ha quedado en manos de las corrientes y fuerzas principistas del trotskismo que, en todo el mundo, se nieguen a ir tras el camino de los liquidadores y les presenten batalla. De cuánto tarden esas fuerzas principistas en completar la tarea histórica de refundar la IV Internacional, dependerá la posibilidad de que pueda regenerarse la vanguardia del proletariado mundial.
La consumación de la liquidación de la IV Internacional se produce cuando viene de culminar el enorme ascenso en el mundo semicolonial que se desarrollara entre 1997 y 2004 -que tuviera como puntos culminantes las revoluciones palestina, ecuatoriana, argentina, y boliviana- que, por acción de las direcciones traidoras no logró confluir con procesos revolucionarios en las potencias imperialistas ni en los ex estados obreros en los que se impuso la restauración capitalista. Se consumó cuando con los triunfos de su ofensiva contrarrevolucionaria en Irak, Afganistán, Palestina y Medio Oriente; con política de contención y colaboración de clases en América Latina; con los pactos sociales de la aristocracia y la burocracia obreras en los países imperialistas, y descargando la crisis contra su propia clase obrera y contra los pueblos oprimidos del mundo, el imperialismo lograba imponer un punto de equilibrio en la economía y la política mundiales (punto de equilibrio que ahora ha devenido inestable).
En los enfrentamientos entre revolución y contrarrevolución con los que comenzó el siglo XXI, las corrientes de los renegados del trotskismo jugaron un rol abiertamente menchevique en los agudos procesos del mundo semicolonial, y de total adaptación a las aristocracias y burocracias obreras en los países imperialistas europeos, rompiendo completamente con la teoría-programa de la revolución permanente, y adoptando abiertamente la vieja política stalinista de revolución por etapas y de colaboración de clases.
De esta manera, en este período de la lucha de clases que acaba de finalizar, terminó de consumarse el Termidor, la reacción que estas corrientes venían llevando adelante y que intentaba no dejar piedra sobre piedra de la teoría, la estrategia, el programa y el legado de la IV Internacional, al liquidarla definitivamente, y al constituirse esas corrientes como ala izquierda del Foro Social Mundial.
Ya no quieren ni hablar en nombre de la IV Internacional ni del trotskismo. Ya se proclaman abierta y orgullosamente "Chavistas", "castristas", miembros de la "Izquierda anticapitalista" europea, gramscianos, etc. Es más, algunos de ellos, como el SU, ya le han dado el ministro de la reforma agraria al gobierno proimperialista de Lula: es decir, son los que gerencian la política del estado burgués brasileño y de la burguesía terrateniente para garantizarse su propiedad y sus ganancias masacrando campesinos sin tierra.
En Europa todos ellos han conformado partidos únicos de la "Izquierda anticapitalista" con el stalinismo y burócratas sindicales, como la coalición Respect en Inglaterra, como Izquierda Unida en España, Refundación Comunista en Italia, como en Portugal, etc. Han llamado a votar por Chirac, y todos ellos se suman al voto "No" en la trampa de los referéndums bonapartistas por la Constitución europea, hablando de una "Europa democrática, social y ciudadana", con una política totalmente reformista y socialimperialista, como ayer apoyaron entusiastamente el voto por el "No" -es decir, por el Sí a Chávez-, en el tramposo referéndum venezolano.
En América Latina y también en los Estados Unidos, han dado un nuevo y definitivo paso de sometimiento a la burocracia castrista restauracionista, subordinándose y poniéndose bajo su mando en todo el continente, a través del ala que ésta montó con Celia Hart Santamaría, y que intenta robar las limpias banderas del trotskismo y utilizarlas para impulsar la política contrarrevolucionaria y de colaboración de clases del castrismo en toda América.
De esta manera, culmina un proceso histórico en que vimos a las corrientes que hablaban en nombre del trotskismo y de la IV Internacional, recorrer el camino que va del error no marcado y no corregido a tiempo, a la adaptación; de ella, a una capitulación tras otra, luego a la traición y por último, a la degeneración completa del movimiento.

Los hitos de un largo camino de adaptaciones y capitulaciones que prepararon la consumación de la reacción termidoriana

Este último salto liquidador de este pablismo generalizado y la consumación del Termidor al interior mismo de la IV Internacional, fue preparado con décadas de adaptaciones, capitulaciones y traiciones, con saltos previos de cantidad en calidad que marcaron hitos en el camino de la degeneración a la que fue llevada la IV Internacional.
El primero de ellos, indudablemente, fue el surgimiento del pablismo en 1952-53 que, con su brutal adaptación al stalinismo y su política liquidacionista de "entrismo sui géneris" en los partidos comunistas, llevó al estallido de la IV Internacional que dejó de ser un partido mundial centralizado para transformarse en un movimiento de tendencias.
Las corrientes agrupadas en el Comité Internacional, que resistieron y enfrentaron -aunque de forma centrista- al pablismo liquidacionista, le perdonaron sin embargo la vida al negarse a expulsarlo lisa y llanamente, y al impulsar luego en 1963 una reunificación oportunista con el mismo. Pero las corrientes que quedaron por fuera de dicha reunificación, terminaron también en el peor de los nacional trotskismos, como fue el caso del lambertismo y el healysmo.
El ascenso revolucionario generalizado de 1968-74 y la enorme radicalización obrera que lo acompañó, le dieron una nueva oportunidad al movimiento trotskista. Sin embargo, el pablismo-mandelismo impulsó una política oportunista y ultraizquierdista en América Latina. El SWP norteamericano, que había sido fundado por Trotsky y Cannon, terminó coptado al pablismo en la revolución portuguesa levantando la política de Asamblea Constituyente con la que la socialdemocracia terminó de estrangular dicha revolución. Y el morenismo, capitulando vergonzosamente en Argentina a los pies del "frente para "defender la democracia", impulsado por la misma Unión Cívica Radical que preparaba el golpe genocida con Videla y el imperialismo.
Pero lo más grave fue que todas las corrientes -incluidas las que habían enfrentando parcialmente al pablismo y habían levantado posiciones semi-correctas, permitiendo así mantener algunos hilos de continuidad -, lejos de sacar lecciones revolucionarias del ascenso 1968-74, sacaron lecciones oportunistas.
De esta manera, la década del '80 marca un hito central, un enorme salto de cantidad en calidad en la degeneración de la IV Internacional. Hay un pasaje generalizado al oportunismo y se abre el período del nacional trotskismo: las corrientes centristas y oportunistas terminaron, en esa década, cada una adaptada a los regímenes y gobiernos de sus respectivos países, y sosteniendo al stalinismo que preparaba la restauración capitalista en la URSS, China y los estados obreros. Así, los acontecimientos de 1989, el hundimiento de la utopía reaccionaria del "socialismo en un solo país", y la imposición de la restauración capitalista en los ex estados obreros, encontró a estas corrientes colgadas de los faldones de la burocracia stalinista que se reciclaba en burguesía. El programa del trotskismo y de la IV Internacional pasaban la prueba de esos acontecimientos históricos y se demostraban correctos. Los que hablaban en su nombre, no, y como no podía ser de otra manera, terminaron estallando en mil pedazos.
En los '90, vemos surgir de las entrañas mismas de estas corrientes, un feroz revisionismo que, para tratar de justificar sus propias capitulaciones y adaptaciones, se dedicó a culpar de todos los males al marxismo y al trotskismo, intentando no dejar piedra sobre piedra de la teoría y el programa del marxismo revolucionario. Liquidaron la premisa fundamental del Programa de Transición de que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, y se dedicaron a echarle la culpa a las masas, a su "crisis de subjetividad", de las derrotas sufridas por la traición de sus direcciones. Borraron de un plumazo el río de sangre que divide al trotskismo del stalinismo, y se fueron a hacer partidos únicos o frentes estratégicos con el mismo. Renunciaron a la dictadura del proletariado y al "terror rojo". Se dedicaron a pregonar un largo período de una "nueva fase" de la economía mundial, de desarrollo total o parcial de las fuerzas productivas, y de lenta "recomposición reformista" del proletariado.
A partir de 1997 y hasta el 2004, se abre un nuevo período del nacional trotskismo devenido en revisionismo abierto. Los estados y regímenes burgueses los necesitaron, para que los sostuvieran a ellos y a las direcciones traidoras, y para que jugaran directamente el rol de estranguladores en los procesos revolucionarios, para el que se habían preparado con las revisiones de la década del '90. Son sus adaptaciones a la aristocracia y burocracia obreras en los países imperialistas, y sus traiciones y capitulaciones directas en la revolución misma, las que acompañan el cierre del período del ensayo general revolucionario del mundo semicolonial que hemos definido y el establecimiento de un nuevo punto de equilibrio -que ahora se ha vuelto inestable- en la economía y la política mundiales imperialistas.

Terminaron de liquidar la IV Internacional y se fueron al Foro Social Mundial a disciplinarse a Chávez y al castrismo

Culmina entonces todo un proceso histórico: después de sacar lecciones oportunistas del ascenso generalizado 1968-74, de desbarrancarse en los '80 en el más profundo nacional trotskismo; de estallar en 1989 por estar abrazados al stalinismo, de desplegar un revisionismo exacerbado en los 90; después de haber sido utilizados como limones exprimidos por los regímenes, los gobiernos y las direcciones traidoras para cubrirles el flanco izquierdo y contribuir a estrangular revoluciones en el último lustro, las corrientes que otrora hablaban en nombre del trotksismo y de la IV Internacional, se fueron abierta y definitivamente del trotskismo, y han conformado una "Internacional dos y media" -al estilo de la de los '30-, que constituye el ala izquierda del Foro Social Mundial. Son orgullosos liquidadores de la IV Internacional.
Estamos entonces frente a un nuevo verdadero salto de cantidad en calidad: terminaron de liquidar la IV Internacional y rompieron toda amarra con el trotskismo, para ir a organizarse bajo la disciplina de Fidel Castro, Chávez, de los movimientos "anticapitalistas" de las aristocracias y burocracias obreras de los países imperialistas, y de la verdadera Internacional contrarrevolucionaria que los centraliza a todos que es el Foro Social Mundial, del que constituyen su "ala izquierda". Tan es así que todos ellos aplican al mismo tiempo, en distintos países, la "campaña en defensa de Cuba y de Venezuela" impulsada por Chávez, Castro y el Foro Social Mundial.
En América Latina en particular, se han subordinado, a través de Celia Hart Santamaría, al PC cubano y a la burocracia castrista. Cuando Hart Santamaría en su artículo del 1° de Mayo pasado, titulado "Un fantasma recorre América", llama a la "unidad de los revolucionarios", a poner en pie una "organización comunista continental" que conjurando todo "sectarismo", agrupe a "todas las organizaciones socialistas o anticapitalistas" en una "organización de organizaciones", no hace más que proclamar abiertamente lo que ya se ha puesto en pie: esa "ala izquierda" del Foro Social Mundial en América Latina, con los liquidadores del trotskismo subordinados y disciplinados en una corriente continental, al PC Cubano y a la burocracia castrista.
Ellos han roto toda amarra con el trotskismo y la IV Internacional y rompieron abiertamente con la teoría-programa de la revolución permanente, adoptando como propia la seudoteoría stalinista de la "revolución por etapas" , de "socialismo en un solo país" ahora devenido en "socialismo en una sola isla", y su política de colaboración de clases con la burguesía.
Así, se sumaron a la campaña "Cualquiera menos Bush" en los Estados Unidos, o bien llamaron a votar por Nader, es decir, el candidato del "Frepaso" norteamericano. En Francia, ya habían llamado a votar por Chirac "contra Le Pen", y ahora vienen todos de apoyar la política burguesa del "No" en el referéndum francés por la Constitución europea, "No" cuyo triunfo es ampliamente celebrado por Bush y Tony Blair.
En América Latina, los vimos llamar a votar por el "No" en el referéndum venezolano, es decir, por Chávez y su gobierno burgués al que le dan así, más abierta o más críticamente, apoyo político. El Partido Obrero de Argentina viene de escribir en su prensa, frente al derrocamiento de Gutiérrez en Ecuador, que hay que "apoyar a Palacios -es decir, al gobierno burgués de Palacios- contra el imperialismo". El MST de Argentina acaba de hacer un frente electoral no sólo con el PC en Izquierda Unida, sino también con un político burgués proveniente de las filas del ARI de Carrió como es Mario Cafiero. Todos ellos se niegan a decir que, como en Ecuador y en Bolivia, la lucha es por derrotar a los gobiernos cipayos de Kirchner y de Lula.
En Chile, todos los grupos renegados del trotskismo están en el PODEMOS, un partido único con el PC y la Izquierda Cristiana, de colaboración de clases.
Pero inclusive, ya algunas de estas corrientes como el Secretariado Unificado mandelista -los verdaderos "padres" del liquidacionismo (ver recuadro)- han pasado a integrar directamente gobiernos burgueses: le han dado al gobierno proimperialista de Lula, el ministro de la reforma agraria Rossetto, es decir, el encargado de que la burguesía terrateniente mantenga su propiedad y su ganancia sobre la base de la masacre de los campesinos sin tierra.
Y sobre esta cuestión, las demás corrientes de los renegados del trotskismo guardan silencio. No es casual: saben que, más temprano o más tarde, ellos también deberán jugar ese rol. El momento preciso no depende de ellos, sino de que los regímenes y gobiernos burgueses y las direcciones traidoras los necesiten para hacerlo. Pero su predisposición, voluntad y programa para jugar un rol abierto al servicio del enemigo de clase ya existe y ya ha cristalizado.

Se consumó la tercera escisión del socialismo

Esto significa que estamos asistiendo a la consumación de la tercera escisión del socialismo en la época imperialista, que ha liquidado la teoría-programa de la revolución permanente, ha abrazado la seudoteoría de revolución por etapas, con su consecuencia de programas abiertamente reformistas levantados ante cada lucha de los explotados y ante cada proceso revolucionario.
El imperialismo, tal como magistralmente lo definió Lenin, es la escisión del socialismo, porque la burguesía mundial, en la época de agonía y decadencia del capitalismo, sólo puede mantener su dominio comprando y corrompiendo a un sector de la clase obrera, a la aristocracia y burocracia obreras, pagándoles con las migajas de las superganancias que un puñado de parásitos obtienen con la supexplotación de cientos de millones de esclavos coloniales y semicoloniales.
La primer escisión del socialismo fue la provocada en 1914 por la socialdemocracia que se pasó al campo de la burguesía llevando a los obreros a masacrarse entre sí al servicio de los intereses de cada una de sus propias burguesías imperialistas, en la carnicería que fue la 1° guerra mundial. y llevo a la clase obrera mundial a la carnicería de la 1er guerra mundial.
La segunda escisión del socialismo fue consumada definitivamente en 1933-35 con el pase de la burocracia stalinista abiertamente al campo de la contrarrevolución, su asentamiento como burocracia termidoriana en la URSS y la derrota del proletariado alemán a manos del fascismo, con la liquidación de la III Internacional y la definición como estrategia permanente de la política de colaboración de clases y el frente popular con la que traicionaron la revolución española y francesa en los '30, y la revolución mundial desde entonces.
Combatiendo a estas dos corrientes contrarrevolucionarias -la socialdemocracia y el stalinismo-, cuyos escombros sembraban el campo de batalla en los '30, se puso en pie la IV Internacional, para garantizar la continuidad del marxismo revolucionario y pelear por devolverle al proletariado internacional una dirección mundial que pudiera llevarlo al triunfo.
La total bancarrota actual de los renegados y liquidadores del trotskismo, que configura la consumación de la tercera escisión del socialismo, fue preparada durante años por el imperialismo. Y se termina de consumar ahora, cuando con la socialdemocracia totalmente desgastada por administrar durante años los negocios de las burguesías imperialistas europeas; con el stalinismo quemado luego de entregar los estados obreros a la restauración capitalista y reciclarse en burguesía; con las aristocracias obreras y las burocracias sindicales tradicionales odiadas por amplias franjas del proletariado mundial, ya no le alcanzaba al imperialismo para contener las contradicciones de la luchas de clases mundial. Por eso, ha llamado a las corrientes oportunistas liquidadoras de la IV internacional, a las que durante años y décadas preparó y alimentó con puestos parlamentarios y sindicales en los regímenes burgueses, para que estén listos para jugar ese mismo rol cuando ellos las necesiten.

Regenerar a la vanguardia del proletariado mundial es derrotar a los liquidadores del trotskismo y luchar por refundar la IV Internacional

Esta nueva escisión del socialismo que ha cristalizado, significa que ha pegado un nuevo salto histórico la crisis de dirección revolucionaria del proletariado. Los liquidadores triunfaron: no dejaron piedra sobre piedra de la IV Internacional, y después de haber contribuido al desvío o la derrota de los combates de masas con que comenzara el siglo XXI, se han ido a constituir una "Internacional dos y media" como ala izquierda del FSM. Así, en el campo de batalla de la lucha de clases mundial, a los viejos escombros de la II y la III Internacionales, hoy se suman los escombros de la bancarrota de los liquidadores del trotskismo, que son ya un movimiento totalmente descompuesto, que es imposible de regenerar, de la misma manera que es imposible regenerar la carne cuando ésta ya está putrefacta.
Pero lo que no pudieron lograr, a pesar de que fue su objetivo, es que se rompiera toda continuidad de la teoría, la estrategia y el programa del trotskismo, el único marxismo revolucionario viviente. No pudieron lograrlo porque, a diferencia de lo que sucediera en los últimos 20 años, esta vez, aún de forma dispersa, aislada y terriblemente tortuosa, distintas fuerzas sanas y principistas del trotskismo, en años de combates y de luchas de tendencias y fracciones a nivel internacional, logramos mantener esos hilos de continuidad.
Cuando a principios del siglo XX, la socialdemocracia se pasó al campo de la contrarrevolución y llevó al proletariado a la primera guerra mundial, un puñado de internacionalistas que cabían en cuatro coches, como Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Karl Liebcknecht que estaba preso en Alemania, se reunieron en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, a "unir los hilos de la historia" -es decir, de la continuidad del marxismo- que se habían roto, como brillantemente lo definiera Trotsky.
Hoy, frente a la defección definitiva de los renegados del trotskismo, el "Zimmerwald y Kienthal" que permitió mantener la continuidad de la teoría y el programa de la IV Internacional no se expresó en forma de conferencias, sino que se fue realizando a lo largo una década y media de luchas de tendencias y fracciones de distintos grupos y corrientes que, aún aislados y dispersos, dieron una feroz pelea contra el liquidacionismo, sacando lecciones correctas de los procesos más agudos de revolución y contrarrevolución, garantizando así la continuidad del programa marxista.
La bancarrota definitiva de los liquidadores del trotskismo, demuestra que ha quedado superada por el propio devenir histórico, la consigna algebraica de la lucha por la regeneración y refundación de la IV Internacional. No hay regeneración posible del ala izquierda del Foro Social Mundial en que se han constituido esas corrientes.
Pero porque se mantuvo la continuidad programática, porque hoy podemos decir no solamente que la teoría y el programa del trotskismo pasaron la prueba de los hechos y de la historia, sino que también, esta vez sí, hubo fuerzas sanas y principistas, aún pequeñas y dispersas, que también la pasaron, es que la tarea es la lucha por la refundación de la IV Internacional, por un nuevo Congreso como el de 1938.
La continuidad está dada porque hay lecciones revolucionarias, documentos teóricos y programáticos y combates dados por fuerzas de carne y hueso para refundar la IV Internacional: lecciones de los acontecimientos de 1989 y el programa de lucha por la restauración de la dictadura del proletariado bajo formas revolucionarias en los ex estados obreros en liquidación; lecciones programáticas de las revoluciones boliviana, palestina, argentina, ecuatoriana; de las guerras nacionales como las de Irak y Afganistán, de la lucha contra la aristocracia y la burocracia obreras; contra el stalinismo y el Foro Social Mundial, de la lucha por la revolución política en Cuba, del combate contra los frentes populares y toda política de colaboración de clases, etc. Hay continuidad, es decir, significa que hay una bandera revolucionaria sin mácula para las nuevas generaciones que entran al combate.
Hay una nueva delimitación, una nueva y clara divisoria de aguas, con los que se organizan con la burocracia castrista y Celia Hart y reniegan de la lucha por la revolución política en Cuba, los que corren a sostener a Chávez y ahora a Palacios de Ecuador, los que se subordinan a la aristocracia y burocracia obreras y sus partidos socialimperialistas en Europa, los que abrazan la revolución por etapas y la política de colaboración de clases con burgueses "progresistas" y militares" patriotas". Ellos se han ido del trotskismo, pero como saben que su objetivo liquidacionista no fue cumplido en su totalidad, porque se mantuvieron los hilos de continuidad programática del trotskismo, han dejado el camino detrás de ellos sembrados de trampas "cazabobos", han dejado el terreno minado de grupos y corrientes que se camuflan y se trasvisten con el objetivo de impedir que se reagrupen internacionalmente las fuerzas del trotskismo principista.
Por ello, todo reagrupamiento revolucionario será en lucha feroz contra los liquidadores y contra las trampas "cazabobos" que éstos han sembrado. Esta pelea no puede darse en el terreno nacional. Es una pelea internacional y necesita de un programa y una organización internacionales de los trotskistas principistas.
Entonces, para las fuerzas principistas e internacionalistas del trotskismo en todo el mundo, se trata de avanzar en su reagrupamiento para poner en pie un centro internacional que tome en sus manos un combate centralizado y se proponga el objetivo histórico de refundar la IV Internacional, enfrentando a todas las direcciones traidoras y a los liquidadores han devenido el ala izquierda del Foro Social Mundial, para devolverle al proletariado mundial su dirección histórica.
Poner en pie un centro internacional de reagrupamiento de los trotskistas principistas, presentarles batalla centralizadamente a las direcciones traidoras y luchar por propinarles derrotas en el seno de la vanguardia a los liquidadores del trotskismo hoy, es lo que puede abrir el camino para que, en el futuro, existan las condiciones para refundar la IV Internacional, es decir, para poder regenerar a la vanguardia del proletariado mundial. Porque decenas de miles de obreros y jóvenes en América Latina y en el mundo están influenciados o siguen a las corrientes de estos liquidadores, creyendo que son trotskistas. A ellos es necesario decirles con claridad, abiertamente, lo que ya es un veredicto definitivo de la realidad y de la historia: esas corrientes han abandonado el trotskismo, han roto toda amarra con él y han ido a ocupar el lugar de la vieja política de colaboración de clases del stalinismo.
Estamos en una carrera contra el reloj. Y ello queda claro hoy en la revolución boliviana: porque las fuerzas principistas del trotskismo no pueden ni soñar en encontrar un camino a la vanguardia y las masas, en poner en pie el nuevo partido revolucionario internacionalista que el heroico proletariado boliviano necesita y se merece, sin desenmascarar al POR de Lora, sin infligirle duras y decisivas derrotas políticas ante los ojos de la vanguardia de clase obrera que ya lo sufre y padece su política, pero que piensa que la política calcada de la del stalinismo que levanta ese partido, es el "trotskismo". No se puede entonces luchar por poner en pie un nuevo partido revolucionario en Bolivia, si no se enfrenta a estos impostores y renegados del trotskismo, y si no se pone en pie rápidamente un centro internacional de reagrupamiento de los trotskistas principistas que se proponga el objetivo histórico de refundar la IV Internacional, para poder, por ejemplo, refundar el trotskismo en Bolivia derrotando a sus liquidadores del POR de Lora.
Por ello, a las decenas de miles de honestos obreros y jóvenes que en todo el mundo están influenciados y son engañados por los liquidadores del trotskismo, es necesario plantearles con total claridad que la lucha es por refundar la IV Internacional con un nuevo Congreso como el de 1938, derrotando de cara a la vanguardia y a las masas a las corrientes de esta "Internacional dos y media" que se ha organizado como "ala izquierda" del FSM. Se trata, como decía Trotsky en los '30, de evitar que los conservadores aparatos heredados del pasado controlen el desarrollo revolucionario de la vanguardia proletaria.
Levantar la bandera de la lucha por la refundación de la IV Internacional es también volver a levantar el grito del Programa de Transición de "¡Paso a la mujer trabajadora, paso a la juventud!". Es que la bancarrota de los renegados el trotskismo arrastra también al basurero de la historia a la amplia mayoría de la vieja generación que llevó a ese movimiento, hoy en putrefacción, sobre sus hombros. Están totalmente vigentes entonces las palabras del programa de fundación de la IV Internacional: "La generación más vieja, que ha sufrido terribles derrotar, abandonará en gran parte el movimiento. Por lo demás, la IV Internacional no pretende en absoluto convertirse en un asilo para revolucionarios inválidos, burócratas y arribistas decepcionados. (...) En la IV Internacional ni hay ni habrá lugar para el arribismo, las úlcera de las viejas internacionales. Sólo aquellos que deseen vivir para el movimiento, y no a expensas del movimiento, tendrán acceso a nosotros.
Los obreros revolucionarios deben sentirse los dueños. Las puertas de la organización les están abiertas de par en par. (...) Cuando un programa o una organización se agotan, se agota con ellos la generación que los llevó sobre sus hombros. El movimiento se revitaliza con la juventud, libre de responsabilidades del pasado.
La IV Internacional presta una atención especial a la joven generación del proletariado. En toda su política se esfuerza por inculcar a la juventud la confianza en su propia fuerza y en el futuro. Sólo el fresco entusiasmo y el espíritu de ofensiva de la juventud pueden asegurar los primeros éxitos en la lucha; sólo estos éxitos pueden devolver a los mejores elementos de la generación más vieja al camino de la revolución. Así ha sido, y así seguirá siendo.
Las organizaciones oportunistas, por su naturaleza misma, centran principalmente su atención en las capas superiores de la clase obrera, y, por consiguiente, ignoran tanto a la juventud como a la mujer trabajadora. Ahora bien, la declinación del capitalismo asesta sus golpes más fuertes a la mujer, como asalariada y como de ama de casa. Las secciones de la IV Internacional deben buscar soportes entre las capas más explotadas de la clase obrera, y por consiguiente, entre las trabajadoras. Aquí encontrarán reservas inagotables de entrega, abnegación y disposición al sacrificio.
¡Abajo con la burocracia y el arribismo! ¡Paso a la juventud! ¡Paso a la mujer trabajadora! Estas consignas están inscritas en la bandera de la Cuarta Internacional". (Programa de Transición).


El menchevismo de la tercera hornada en Argentina visto por la burguesía:
Una "comparsa rebelde" de asistentes sociales que no tienen el objetivo de tomar el poder

El enemigo de clase ha tomado nota con mucha perspicacia de la consumación de un nuevo salto cualitativo en la degeneración de los renegados del trotskismo, de su disciplinamiento a Chávez, Castro y el Foro Social Mundial, y de su constitución en "ala izquierda" de este último.
Por ejemplo, la burguesía en Argentina se congratula de que en este país, ya no haya izquierda "insurreccionalista" que tenga el objetivo de que los obreros se hagan del poder.
Así se encarga de explicarlo con total claridad en un artículo del diario La Nación del 4/05/05, titulado "Una rebeldía anacrónica" y firmado por Vicente Massot:

"De entre las comparaciones que se estila hacer en estos días una de las más trajinadas es aquella según la cual los movimientos piqueteros vendrían a resultar la versión desarmada de las organizaciones insurreccionales que asolaron el país en la década del setenta. Nada, sin embargo, más alejado de la verdad.
Por mucho que se lo analice, del derecho y del revés, no hay en los desbordes a los que nos tienen acostumbrados los piqueteros ni en el desorden que han instalado a lo largo y ancho de la geografía nacional anhelos revolucionarios. Raúl Castells, Néstor Pitrola y Luis D´Elía -para citar a algunos de los más representativos- no acarician el sueño de obrar, mediante la acción violenta, la sociedad sin clases que clausure la Historia y dé lugar al paraíso terrestre".
(...) Nadie medianamente serio reivindicaría hoy la lucha de clases, el Estado proletario o la estatización de la economía, lo cual no quita que, en las marchas piqueteras, se alcen puños encrespados y la cara del Che -retratado por Korda- cubra los pechos de algunos manifestantes. También que los integrantes de Quebracho blasonen de malos. Pero no hay razón para confundir una comparsa rebelde con una fuerza revolucionaria.
Los movimientos contestatarios que han ganado las calles no obran conforme a un plan subversivo insurreccional cuyo fin sea la toma del poder, la conquista del Estado o la clausura de la República".
"Nuestros rebeldes se creen facultados para hacer las veces de manifestantes, controladores del tránsito urbano y asistentes sociales, todo al mismo tiempo. (...) Sin embargo, su rebeldía no deja de ser anacrónica. Plantea reivindicaciones imposibles y consigue sus fines con cuentagotas. Podrá tener miles de seguidores y asustar al país con discursos más o menos virulentos. Sin embargo, carece de convicción, fuerza y capacidad para infligir un daño decisivo al sistema del cual sus líderes y sus acólitos, después de todo, se nutren. (...) no plantea -como sí lo hicieron en décadas pasadas otras organizaciones de izquierda- un desafío serio al actual estado de cosas, entre otras razones porque son la versión rebelde de la decadencia argentina". (negritas nuestras)
De esta manera, la burguesía que durante años preparó no sólo a las corrientes stalinistas, sino también a los renegados del trotskismo, dándoles puestos sindicales y parlamentarios, para ser parte y sostenedores del régimen putrefacto semicolonial argentino, se felicita de haber logrado el objetivo. Y sale a tranquilizar a cualquiera que pueda estar confundido al respecto, diciéndole: "tranquilo, son una comparsa rebelde, cortan algunas calles, molestan, se ponen a la cabeza de tal o cual lucha, pero son defensores de nuestro estado y nuestro régimen. Contienen, nos hacen de asistente sociales, nos reparten los bolsones de comida, porque, al fin y al cabo, nosotros los nutrimos".
La burguesía reconoce con claridad lo que ha logrado: terminar de transformar a las corrientes de los renegados del trotskismo en corrientes del régimen, administradoras de la limosna del estado patronal en el movimiento de desocupados; comparsa de "izquierda" de la burocracia del CTA en los sindicatos; gente que no quiere saber nada de luchar por la revolución socialista, más allá de sus discursos en los días de fiesta.

Los pablistas-mandelistas del Secretariado Unificado, padres y precursores de los liquidadores de la IV Internacional

Los pablistas-mandelistas del Secretariado Unificado (SU), y su partido más importante, la LCR francesa, son sin duda alguna los padres y precursores del liquidacionismo en la IV Internacional. Son un verdadero centro de elaboración del Termidor que viene de consumarse con la liquidación definitiva de la IV Internacional. En forma totalmente consciente y premeditada, van preparando siempre sus próximos pasos, y son los que con su accionar marcaron y marcan el camino por el que luego avanzan las demás corrientes de los renegados del trotskismo.
Así, en su revista internacional "Inprecor" de Abril de 2005, uno de sus ideólogos, Claudio Katz (ex militante del Partido Obrero de Argentina; luego de Izquierda Unida, posteriormente asesor de Zamora y actualmente integrante de "Economistas de Izquierda"), escribió un artículo sobre América Latina, alertando a sus dirigentes del SU que, de seguir abiertamente apoyando a los Lula, Kirchner y Tabaré Vázquez -que se han demostrado como gobiernos totalmente proimperialistas-, a Chávez en Venezuela y a Evo Morales que en aquel momento sostenía a Mesa en Bolivia, corrían el riesgo de quedar expuestos ante las masas que ya comienzan a enfrentar a esos gobiernos, y a hacer la experiencia con Chávez y con direcciones como la de Evo Morales.
De forma consciente, ya en febrero de 2005 cuando fue escrito el artículo -antes de que las masas derrocaran a Gutiérrez en Ecuador, y del nuevo embate revolucionario en Bolivia de mayo-junio pasados- Katz dice que hay que correrse "a la izquierda" para poder seguir siendo útiles en su rol de contención de los sectores más avanzados de la vanguardia obrera y de lucha de América Latina.
Así, plantea en su artículo "América Latina, Centroizquierda, nacionalismo y socialismo", que, después de dos años de experiencia, es necesario definir ya que Lula y Kirchner son gobiernos totalmente proimperialistas Que, por lo tanto, no es correcto apoyarlos o participar de los mismos pensando que de esa manera, es posible "radicalizar su gestión" para que se vuelvan gobiernos "progresistas".
Katz dice que, por el contrario, Lula es la continuidad de Cardoso, que beneficia a los banqueros y garantiza los pagos a los acreedores; lo mismo que Kirchner, aunque este último -por ser Argentina un país donde las masas dejaron al régimen descalabrado, y que viene de una profunda depresión económica- ha implementado "políticas más heterodoxas para reconstruir las ganancias de todos los capitalistas". Alerta que en Uruguay, "El Frente amplio llega al gobierno ahora, con fuertes compromisos de mantener el status quo y con un proyecto vaciado de su contenido transformador".
De la misma manera, alertaba ya en febrero de 2005 a los dirigentes del SU para que no siguieran apoyando y cantando loas a Evo Morales en Bolivia, como ellos y el propio Katz lo vienen haciendo desde antes inclusive del inicio de la revolución en 2003: "En Bolivia el centro-izquierda (el Movimiento hacia el Socialismo, o MAS, de Evo Morales) no gobierna directamente, pero es el que sostiene al tambaleante gobierno del presidente Mesa y ya trabaja por reemplazarlo luego de las elecciones de 2007". Pero alerta que en un país cuya "integridad territorial (…) está amenazada por una tendencia a la balcanización, que coexiste con la perspectiva siempre latente de una insurrección popular (…) es improbable que la receta desmovilizadora que ha funcionado en los demás países del Cono Sur pueda tener los mismos resultados".
Sobre Venezuela y Chávez, afirmaba que, a diferencia del de Lula, Kirchner y Vázquez, es un gobierno que "reedita el proceso nacionalista dentro de la tradición de Cárdenas, Perón, Torrijos o Velazco Alvarado", es decir, nacionalista burgués, que ha tomado algunas medidas antiimperialistas. Pero aún así, y ante el desembozado y abierto apoyo que le ha dado el mandelismo desde siempre a Chávez, alerta también: "La experiencia nos enseña que las conquistas congeladas se diluyen. Si el proceso bolivariano es frenado, veremos la repetición de lo que le sucedió al PRT mejicano o la peronismo, que una vez en el poder han conocido una involución que los transformó en opción de las clases dominantes".
Como conclusión, Katz recomienda: "Cualquiera que sea la caracterización exacta del PT o del peronismo kirchnerista, la participación de militantes combativos en los dos gobiernos es indmisible. (…) Aceptar las funciones implica asumir directamente la responsabilidad de la ejecución de las políticas emprendidas. Y cuando uno entra en el papel de funcionario ya no existen las medias tintas".
Lo que decía Katz con gran perspicacia hace unos meses, que si el SU permanece en el gobierno de Lula con Rosetto como ministro de la reforma agraria garantizando la propiedad de los terratenientes y masacrando campesinos sin tierra, se va a incinerar ante los ojos de los obreros y los explotados que han comenzado a enfrentar al gobierno de Lula, como así también ante los ojos de los trabajadores argentinos y uruguayos por el apoyo que le dan a Kircher y a Tabaré Vázquez. Alertaba que iban a quedar pegados en Bolivia a Evo Morales al que las masas ya comenzaban a mirar como a un traidor. E inclusive, que tengan cuidado con tanto apoyo a Chávez que en cualquier momento, como Perón, Cárdenas y todo gobierno nacionalista burgués, terminará abiertamente alineado con el imperialismo contra las masas.
Por ello, Katz recomienda al SU correrse más "a la izquierda", a pesar inclusive de las recomendaciones de Chávez y Fidel Castro de apoyar a esos gobiernos y a dirigentes como Evo Morales. Así, afirma: "Fidel y Chávez han elogiado a los nuevos gobiernos por evitar el aislamiento y resistir a las campañas imperialistas. Pero ellos confunden la acción diplomática y el apoyo político no necesario y contraproducente para las organizaciones de Brasil y la Argentina".
Y concluye diciendo: "Muchos jóvenes entran en la vida política admirando la herencia revolucionaria de la generación precedente. Pero ellos ven también como una parte de este nicho ha sido asimilado por el establishment y se ha resignado ante la dominación de los poderosos. Para recuperar la herencia de los años 70 hay que tener ante todo firmeza, de convicción y de coraje".
En síntesis, Katz está alertando a los liquidadores del trotskismo y de la IV Internacional que, bajo la redoblada ofensiva imperialista, y bajo certeros golpes revolucionarios de las masas como en Ecuador y Bolivia, han comenzado a crujir y a entrar en crisis los regímenes de la contención en América Latina. Los alerta de que están quedando absolutamente pegados a estos regímenes y gobiernos cipayos y antiobreros, y los llama a correrse un poquito a la "izquierda", a maquillarse ante el hecho de que la nueva generación de obreros y jóvenes que entran al combate ya comienzan a darse cuenta de que están al servicio del estado burgués y del "establishment".

El Secretariado Unificado tiene las manos manchadas con la sangre de los campesinos sin tierra
masacrados en Brasil

Es claro que este alerta que hacía Katz hace unos meses, estaba motivado por el hecho de que el SU, con su corriente Democracia Socialista, participa directamente en el gobierno burgués de Lula, en el ministerio de la Reforma Agraria. Es decir, que Miguel Rossetto y el SU son los responsables y el brazo ejecutor del estado burgués y de los terratenientes que asesinan a los campesinos sin tierra, como recientemente sucediera en Goiania, donde fueron masacrados.
Ahora, los dirigentes del SU como Bensaïd y Krivine, viendo al igual que Katz que están quedando desnudos ante los ojos de la vanguardia proletaria mundial como asesinos de campesinos, y que además esto ha llevado a la división de su corriente en Brasil, han tomado una resolución en la cual, después de plantear que es claro ya que el de Lula es "un gobierno de coalición con los representantes del capital" cuya "dinámica interna (…) no puede ser modificada"; que "dada la orientación general del gobierno, los ministros de izquierda devienen simples prendas o rehenes de una política general que no es la suya" y que tomar responsabilidades en ese gobierno "se contradice con la construcción de una alternativa en Brasil, coherentemente con nuestras posiciones programáticas", deciden… "abrir un debate", permanecer en el gobierno de Lula, y al mismo tiempo, apoyar también al ala de Democracia Socialista que permanece al interior del PT pero como "disidente", y al ala que, encabezada por la senadora Heloisia Helena, rompió con el PT y fue a constituir el P-SOL.
Estamos ante una resolución consciente, cínica y premeditada sobre cómo ubicarse para mejor prestar servicio a Lula y al régimen del pacto social. Porque mientras siguen masacrando campesinos sin tierra desde el gobierno, ubican a un sector de su corriente más "a la izquierda", para poder contener, al interior mismo del PT y de la CUT, y también por fuera de ellos, con el P-SOL, a los sectores obreros, juveniles y campesinos que comienzan a enfrentar a Lula y a su régimen del pacto social, para impedir que avancen en un camino de reagrupamiento combativo y fundamentalmente para impedir que, confluyendo con esos sectores, se ponga en pie en Brasil un verdadero partido revolucionario trotskista e internacionalista.
Apenas meses después de que Katz realizara su advertencia, volvieron a irrumpir los obreros y campesinos bolivianos con un nuevo embate de masas, superando a Evo Morales e imponiendo la lucha por "Ni 30, ni 50, nacionalización", e inclusive denunciándolo como traidor por sostener a Mesa hasta último momento y hoy a Rodríguez.
Frente a ello, el SU y la LCR francesa, en forma totalmente cínica, esconden su abierto apoyo a Morales durante años, comienzan a denunciarlo tibiamente por su apoyo a las elecciones, y se corren "a la izquierda" alabando a las masas de El Alto y a la Asamblea popular nacional originaria, ubicándose así, junto al resto de los liquidacionistas, para garantizar que el sector más radicalizado de la vanguardia y las masas no se escape de control.
Queda claro enotnces que, en el caso del SU estamos frente a una corriente que en forma totalmente consciente se ha pasado con armas y bagajes al servicio de la defensa del estado y el régimen burgués. Marca así el camino que más tarde o más temprano seguirán todos los liquidacionistas del trotskismo, cuando los regímenes burgueses y las direcciones traidoras lo consideren necesario.

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